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¿Angel ó Demonio? Mi Historia con Santiago

¿Angel ó Demonio? Mi Historia con Santiago

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Mar intenta recuperarse del ataque que sufrió a manos de Gustavo y de la desilusión amorosa que le provoco Octavio; es así como se refugia en los brazos de Santiago y pierde por completo su inocencia ––la poca que le quedaba––. ¿Será Santiago el gran amor de su vida? ese que toda mujer ansia encontrar cuanto antes... ¿Octavio se quedará de brazos cruzados viendo como Santiago le arrebata eso que tanto ansío poseer? Octavio había trabajado bastante en despertar los bajos instintos de Mar y sería Santiago quien disfrutaría de los beneficios. Santiago no dudo ni un segundo en tomar todo cuánto quería. Mientras tanto Mar solo se dejaba llevar por la pasión arrasadora de su nueva relación. Poco o nada le importaba lo que sucediera a su alrededor o lo que la gente allegada a ella pensará, necesitaba sentirse viva y haría lo que fuera para conseguirlo.

Capítulo 1 De vuelta al ruedo...

~Intro~

Me alejé de Octavio, estando segura de saber lo que quería; estaba tan cansada de sus mentiras, de su cinismo y de sus engaños, pero la gota que derramo el vaso fue: que mientras yo estaba sumida en el peor momento de mi vida, él se consolaba con Maca, sentí mi corazón partirse en pedazos y decidí que no quería sufrir por el resto de mis días a su lado, debía parar la bola de nieve que representaba estar en una relación con él, antes de que siguiera arrasando conmigo.

Santiago no llegó a deslumbrarme, como dicen mi madre y Octavio —además ¿qué otra cosa podría decir él?—, Santiago vino a devolverme la chispa que se había apagado en mí, las simples ganas de salir de mi cama y ver la luz del sol.

Sin embargo, al verlo tan decidido me espanté y opté por llevarlo con calma; y aunque el efecto de euforia se desvanecía con el paso de los días, el temor de vivir una nueva decepción “amorosa” me mantenían con el instinto de supervivencia a tope, sin embargo, no podía dejar de pensar en la manera en la que me besaba y sus manos rodeaban mi cuello y mi torso con necesidad imperante.

Me mantuve resguardada en casa —casi por un mes—, no iba a la escuela y tampoco tenía que presentarme en la agencia a ningún tipo de llamado —y yo creo que Octavio tuvo que ver con eso— y con mi pequeña incursión en el modelaje me seguían pagando, eso estaba bien para mí, pero comenzaba a desesperarme.

Me di cuenta de que aún no me daba por vencida, aún quería encontrar el amor, ese amor que te vuelve loca, que te hace y te deshace a cada instante, había nacido para ello, me gustaba sentirme en una relación, me gustaba ese sentido de pertenencia y quería encontrarlo de nuevo. Lo mejor de todo es que ahora estaba dispuesta a emprender la aventura de nuevo y si era con él, que mejor.

CAPÍTULO 1.

Mamá no dejaba de recriminarme a diario la manera en la que había decidido dejar al guapísimo hijo de su jefe, me tenía harta con la cantaleta, y su actitud me estaba fastidiando, después de todo yo era su hija.

Era de noche, de pronto escuché la puerta de la entrada, los niños salieron corriendo y supe que era mi madre que había vuelto del trabajo; así que salí de mi habitación para saludarla, tampoco es que no nos habláramos o estuviéramos peleadas, sin embargo, sentí mis entrañas arder en cuanto escuche la voz de su acompañante, quién además sobornaba a mis hermanos con dulces y chucherías.

—¿Puedes venir conmigo? —–pregunté a mi madre con molestia, sin intentar disimular en absoluto mi descontento con la presencia de él.

—¿Qué sucede? —–Luciana usaba un tono bajo para no armar una escena de la que su invitado pudiera percatarse.

—¿Por qué lo traes a casa? ¿Qué parte no entiendes? ¡No quiero verlo! —grite con enojo, porque al contrario de mi madre, quería que él supiera que no era bienvenido.

—Por favor, no seas grosera —–ordenó Luciana —–No deja de preguntarme por ti, ese chico está realmente enamorado de ti; todos alguna vez cometemos errores, así que deberías perdonarlo y tratarlo bien —–la decepción me invadió por completo y me di cuenta de que no debía seguir intentando que mi madre me entendiera y mucho menos me defendiera.

Entonces Mar comenzó a sacar la cena que ya tenía lista en el horno, y que sólo aguardaba porque su madre llegara para cenar en familia; pero no contaba con que llegaría con semejante compañía.

—¿Necesitas ayuda con algo cariño? —Ni siquiera deje de hacer lo que estaba haciendo.

—Vayan a lavarse las manitas —ordené a mis hermanos con dulzura, una que solo ellos podían despertar en mí, no importaba cuán enojada estuviera.

—Bien, destaparé el vino que he traído para la cena —dijo Luciana —Muchas gracias hija por tener listo todo para que cenáramos, pasaremos una velada increíble.

Mar permaneció en silencio sin externar todos los improperios que le venían a la mente.

—Toma —dijo Octavio, extendiendo su brazo hacía Mar para alcanzarle una copa con vino.

—No gracias —contestó ella con frialdad, apartando abruptamente su brazo que casi rozaba su piel.

—¿Sigues enojada conmigo? Dime que es lo que tengo que hacer para que me perdones, te extraño como un loco —decía Octavio con una voz suplicante, misma que no tuvo efecto en la chica.

—¿Listo mis amores? —dijo Mar, en cuanto sus hermanos volvieron de lavarse las manos, —Siéntense a cenar —era claro que ella mantenía cierto orden con ellos.

Sin embargo, los niños no tardaron en replicar, pues como todo niño que tiene visitas y que come azúcar, estaban desenfrenados: —¡Pero queremos jugar un rato más y comer los dulces que nos trajo Octavio!

—Lo hacen mañana, siéntense a cenar por qué todavía tenemos que leer antes de dormir y yo tengo que salir.

Luciana y Octavio se miraron desconcertados, pues, no esperaban eso.

—¿Salir? ¿A dónde? —preguntó Luciana con un tono autoritario.

—Voy con Santiago.

—¿Sigues con eso? Déjate ya de tonterías… Además, no me pediste permiso y tenemos visitas. —Advirtió Luciana con la pretensión por delante de que eso sería suficiente para domar a su hija.

Mar solo ladeo la cabeza y comenzó a reír mientras movía su cabeza de un lado a otro en señal de negación y continuó alentando a sus hermanos para que tomaran su cena. Mientras tanto, ella también hacía lo mismo con su cena, pues no se iba a quedar con hambre por la fastidiosa e inesperada visita de su ahora exnovio.

Una vez que ella y los niños terminaron de cenar, Mar insistió a los niños para llevarlos a su habitación. Los hizo lavarse los dientes, los arropó y les leyó un cuento y antes de terminar ambos chiquillos habían caído rendidos.

Mar salió de su habitación con cuidado de no hacer ruido, pero al hacerlo se encontró con Octavio, recargado en el pasillo.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —preguntó Mar con enfado.

—Juro, que te ves adorable con esos niños —recitaba mientras se acercaba lentamente a ella.

—Déjate de patrañas y lárgate de aquí, que se va a despertar por tu culpa.

—Baja la voz y no grites con lo que te voy a hacer ahora y ellos no se van a despertar y Luciana no vendrá a ver lo que te está pasando —–susurró a su oído mientras la acorralaba.

Mar giró su rostro para evitar ser besada y Octavio comenzaba a perder los estribos rápidamente.

—¡Ni lo sueñes! —de inmediato lo empujó y no fue su fuerza física lo que hizo que él la dejara libre sino su fuerza de voluntad que lo descolocó, en otros tiempos Mar se habría puesto nerviosa solo al respirar su mismo aire.

***

POV Mar.

Entre con urgencia a mi habitación intentando recobrar la calma que casi perdía al tenerlo tan cerca, tomé un cambio de ropa e hice una maleta pequeña, por supuesto que al salir de mi habitación comenzó el interrogatorio por parte de mi madre siendo secundada por él.

—¿A dónde crees que vas?

—¡Ya te lo dije mamá!

—Pues ya te dije que no vas a salir con ese hombre. ¡Tú no te mandas sola señorita!

—Mamá, yo creo que ya olvidaste que para que pudiera trabajar, siendo menor de edad, tuvimos que tramitar mi emancipación, así que legalmente ustedes —mis padres— ya no me mandan.

—No abuses, te lo advierto, porque soy capaz de tramitar la revocación de ese dichoso trámite.

—¡Hazlo! Pero hasta entonces voy a hacer lo que me dé la gana y no me da la gana verle la cara a tu invitado.

Tomé mis cosas y salí rabiosa de mi casa, me esperaba el taxi afuera, pero Octavio salió detrás de mí.

—¿Por qué demonios haces esto?, ya entendí y si quieres me voy ahora, pero no vayas con él, además, ni siquiera puede venir por ti…

—Me da igual lo que hagas. Y lo que pasa entre él y yo no es asunto tuyo.

Abordé el taxi, mismo que me llevo a hospedarme en un hotel, no iba a ir con Santiago, solo lo dije para molestar a mi madre y a Octavio; ya sé que se preguntaran que ¿por qué a mi madre?, pues por ella lo llevó a casa sin pensar en mí y en lo que podía sentir y a él porque no me deja en paz.

Y no fui capaz de llamar a Santiago porque aún no sabía lo que iba a hacer con él.

El sonido insistente de mi móvil me despertó por la mañana, no podía abrir los ojos, ya que un pequeño rayo de sol que se colaba por una de las orillas de la ventana era suficiente para mantenerme deslumbrada.

—¡¿Hola?! —atendí con enojo, cuando de pronto escuche la voz de la amable asistente del señor Sainz.

—Buenos días, Mar, perdona que te llame tan temprano, pero es que el jefe me pidió desde ayer que lo hiciera y me fue imposible localizarte, me va a matar si no consigo que te presentes hoy en la agencia.

—Perdón, no sabía que era usted Clarita. ¿A qué hora debo estar ahí?

—¿Podrías a las diez de la mañana?

Suspiré —Ahí estaré —aventé mi móvil en la cama calentita y cómoda que aún me arropaba y pretendía seducirme para no dejarme escapar.

Desperté cuarenta minutos antes de la hora en la que me había citado Clarita, así que salí abruptamente de esa deliciosa cama y me di una ducha rápida para después salir corriendo a la agencia.

Llegué casi rayando en la hora, y al entrar en el edificio, lo único que pude escuchar fueron gritos, provenientes del set de fotografía…

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