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Historia
El ceniciento

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Capítulo 1 Cambio de vida

Palabras:1806    |    Actualizado en: 17/06/2023

oda prisa, pero un intenso dolor de cabeza que está a punto de hacerme volar la corteza cerebral me obliga a quedarme

ios sucedi

n el suelo, ropa desparramada por lugares inimaginables y platos servidos y a medio comer sobre la mesa. Intento recupera

las bebo con un poco de agua del chorro. Pongo las manos en la encimera y me observo al espejo. ¿Qué carajos? ¿Quién dem

o, tampoco recuerdo qué hice con él. Agacharme no es una opción si quiero mantener mis sesos en el mismo lugar. Salgo del cuarto y en

cuya trompa llevo guardado mi miembro. ¿Qué jodida broma es esta? Elevo la mirada y fulmino con ella

o al llevar las manos hacia mis partes nobles para ocultar

con la

. Vinimos tan pronto como vimos las imágenes en las redes ―ag

qué

ués de la amenaza que recibiste de ellos, cr

omienzan a pon

una jodida vez, ¿de

orre mi espina dorsal y me paraliza las pelotas. Esta vez me pasé de la raya. Llevo la mano hasta mi cuell

sto a tus viejos, pero te prom

teléfono apaga las sonrisas de las bocas de mis amigos. Ellos re

a. Ni siquiera recuerdo haberlo dejado en aquel lugar. Aprie

uel

scuchar el alarido estri

el y más te vale que traigas tu maldito trasero o te p

cir una sola palabra más

Walter con semblante de preocupación―. A

aproxima hacia mí después de darl

u obituario en las páginas principales de todos los diarios y revistas de la

acia mi habitación. Tomo un baño rápido y saco uno de mis mejores trajes para as

inco minutos después, bajo del elevador y hago el recorrido por el camino de la vergüenza, antes

de abrirla y enfrentarme al gran jurado. Al ingresar, veo los rostros fu

ént

dmiración y orgullo que siempre he visto en la cara de

uedo exp

mando a mi padre, se convirtió en el único miembro honorario de la corporación y en nues

la boca

enos, sobre todo, después del semejante esp

sición en la que nos pusist

ue ni siquiera rec

buelo, no fue

o averg

n lamento lo

i padre el qu

no, pe

ser int

arlo―. Te lo advertimos, Denzel ―sisea mi padre con enojo mientras me acribilla con su mirada―. No te íbamos a dejar pasar una sola más de tus locuras ―carajos, tengo el presentimient

y los miro co

ía ir por la vida actuando sin ningún reparo ―escupe furioso―. Eres un hombre de treinta y cuatro años que sigue negándose a madurar, pero es lo que menos nos importa

hay nada que hayan mencionado que no sea verdad.

e respirar hasta escuchar lo que viene a continuación, mucho me temo que no me va a gust

pueden ha

¡es una decis

al levantarm

e esta corporación en tus manos? ¿Qué vamos a permitir que tires a la basura todos los años de esfue

con la

estar hablan

interfono para llam

isión que tenga que ver con esta empres

ada en su boca. Deja una carpeta con una serie de documentos delante de mi padre. La m

e, señor C

labios en un

l Carpentier; ya no tiene ningún tipo de relación con esta empresa ―las pelotas se me suben a la garganta―. De la misma manera se inhabilitarán t

están haciendo? ¡Me acab

or Carpentier, lo

acerca y se pa

, que me entregue todas

miro a mi abuel

o, no pueden

con un

l favor y evítanos este trago amargo y doloroso ―me pide con un tono de voz plano. Hacer e

s hace pedacitos en mi propia cara. Lo está disfrutando como nunca. Me doy la vuelta y sin decir una sola palabra

etenta y dos horas ―detengo mis pasos para escucharlo, pero no me doy la vuelta―. Tendrás que convencernos con hechos, que eres un digno representan

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