img Sedúceme mi CEO perverso  /  Capítulo 4 Un poco de diversión | 3.64%
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Historia

Capítulo 4 Un poco de diversión

Palabras:1603    |    Actualizado en: 17/07/2025

n su voz, en cómo me miraba? Antes de que pudiera enten

cortante, y me di

de pensar en esa advertencia. ¿Era solo por traba

ll estaba empezando a colarse en mis pensamientos, y no sabía s

é caer en el sillón con un suspiro que parecía sacarme todo el aire.

segundo día de grandeza? -p

a lo único que me mantenía

no sé si quiere echarme o... algo más -dije, y le conté todo: el comentario de

iertos, y cuando terminé, soltó una ca

o- ya te lo he dicho, ese hombre no está acostumbrado a

ño y di otro

raicionó. Porque, en el fondo, la idea de volver loco a Lisandro Duvall

ejé salir un suspiro largo, de esos que parecen sacarte un pedazo de alma. Quería desconectar, apa

vé su atuendo, traía puesta una camiseta ajustada que marcaba cada músculo de sus brazos y unos jeans que parecían gritar "mí

he así, tirada como si te hubiera atrope

o -respondí, cerrando de nuevo los ojos,

és que traes encima, vamos a un club, conozco uno nuevo, exclusivo,

ran pantuflas y una serie en la tele, no tacones y luces, pero Sebas tenía ese don: podía con

ra eso -dije, aunque mi vo

bailas un poco y listo, como nueva. ¿Cuándo fue la úl

a está ciudad me había concentrado solo en estudiar, y ahora era trabajo y

tarde -advertí, levantándome del si

a dicho que nos íbamos de vacaciones, y corrió a su

as de esto. Pero, ¿qué más daba? Quizás una noche fuera era justo lo

ro ajustado que Sebas había insistido en que me pusiera -"¡Es sexy pero elegante, V

pero dejaba lo justo a la vista, y me hacía sentir un poco m

zul que le quedaba como pintada y unos pantalones

ba en el reflejo de la ventana y me preguntaba s

inta de modelos de Instagram. Pero Sebas, fiel a su estilo, saludó al po

ro, el lugar me dejó con la boca abierta: luces bajas que cambiaban de color con la música, sillones de cuero negr

alrededor mientras seguía a Sebas a

as de todo -respondió, guiñándo

elo extranjero que había conocido en una fiesta la semana pasada, según él, era alto, rubio, con

ndole un sorbo a mi bebida cuando llegó, el gin estab

ro que te relajes y te dejes llevar -

echo se iba aflojando. La música, las luces, el murmullo de la g

a su cita. De repente, se levantó de un salto, con

con el pelo despeinado de esa manera que parecía casual pero que seguro le llevó media ho

club, había parejas bailando tan pegadas que parecían una sola persona, gr

o, pero el alcohol ayudaba a que no me importara tanto, me terminé el gin tonic y decidí ir por o

alguien me estuviera mirando fijamente, fue una sensación qu

té la vista, se me paró el corazón. Era Lisandro Duvall. Sí, el Lisandro, m

que le quedaban perfectos y una camisa negra que se le p

club entero girara alrededor de él. Me miró con esos ojos azules que pa

su voz tranquila pero con un to

ré responder con un poco

el destino sigue cruz

ó mi copa de mojito de la barra, dio un sorbo lento -co

calor subirme por las mejillas, mi corazón dio un salt

en voz baja, casi como un susu

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