uerrá hablar contigo cuando te sientas con ánimos. Y Blak
ke lo
n médico -dice Calvi
ubro la cara con las manos. -Eso sig
tación da vueltas. Ya no me siento borrac
muy malh
go de comer? Deber
r a casa,
alda y tengo que respirar hondo para no lanzarme de n
ente demas
onfío
idea de que es
do de la cama y dejo que mis pies c
no caerme de bruces,
esperara que me quedara con él-. Ver una pelí
ré en voz alta. Gracias por todo. Lo digo en serio. Y de verdad, de verdad -con la voz entrecortada-, no quiero ser una mala contigo porque has si
o. Lo siento levantarse de la cama y lo oigo acercarse a mí, do
e tus hermanos, o a Dani, o a S
ierda, pero me recuerdo a mí mism
ez mi
spiro prof
robablemente quer
erdo. Ponte esa camisa cuando llegues a casa. Te
y luego se va. Cuando regresa,
vez que lo veo vestido de manera informal,
do me siento
que me los ponga. Con las manos apoyadas en sus ho
amiseta, sus pantalones co
está mi
ría que te bebieras el resto de e
levaré c
ie, y tomo su mano entre las mías, sujetándo
Es una súplica susurra
a. -Entonces te lle
e ser tan amable porque solo
mente por la casa. Veo vigas de madera y suelos relu
, me ayuda a ponerme los zapatos de a
los pantalones cortos-, murmuro y mir
andes -dice-. Pero te com
s formas, me
a entrada. Puedo ver que va despacio, tomando las curvas con cuidado. Quie
imp
dos, nunca
pista porque acelera, y miro a mi alrededor para ver dónde e
qué me sor
o digo
onces, hermosa n
re me ha afectado. Me revuelve el
como el
s, las caricias, las suaves caricias
ito
ando la luz del sol. -Cuando encuentre todos l
po, aparece
mi lado, donde abre la puerta y me ayuda a levantarm
aleante con estos estúpidos t
y entramos. Ya era tarde el domingo y sentí
nta con el ceño fr
la cara. Ni siquiera quiero pensar en cómo debe estar el maquillaje de anoche. -Ya tengo
o entiende-, dice. -¿Qué
er tan amable con
oy a punto de convertirme en calabaza. No
iado bien aquí en casa! Como si pudiera ayudarme en la cocina o sentarse conmigo en la bibliot
rra y, finalm
da la vuelta. -Iré a verte cuando quieras o
eso me hace reír.
del hombro-. Lo tienes en el te
aquí parado, y soy
que me trajera a casa y me dejara en
ndo. Tranquilíz
llamo
ientes-, dice a
erda mar
s -me informa-. ¿Estás en cas
sa. Y odio
avenosa y te la
as agujas,
ima. Tres
la camiseta puesta) y ponerme unos pantalones deportivos ligeros y holgados. Me desvío para lavarme la cara rápidamente y teng
in toda la noche -le
e cuidarte -responde con el ceño fruncido-.
demasiado cansada para charlar con él-. P
r qu
ones de
ta a la lámpara que está al lado del sofá, y empieza a manipu
egunta. No hay juicio en su tono, y no debería
luego veo cómo mi hermano mayor
ser casi quince
contaré toda la sórdida historia. No te pregunt
u dedo contra la piel de la parte interna de mi codo hasta que parece contento con
n la cabeza inclinada sobre mi bra

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