img Mi hermana me robó a mi compañero y se lo permití  /  Capítulo 2 Capítulo 2 Frío y vacío | 0.48%
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Historia

Capítulo 2 Capítulo 2 Frío y vacío

Palabras:1181    |    Actualizado en: 10/12/2025

vista de

o por completo con un grito desgarrad

¿Dónde

ió. Su cabello dorado ondeaba detrás de ella y sus mejillas estaban rojas por haber corr

ina aparición de mi hermana me

a un sueño del que temía despertar. El anhelo puro en sus ojos era más que suficiente para respond

Celeste, con la voz rota. Al no res

, acunándola contra su pecho mientras mi madre y mi hermano se unían a ellos en un abrazo colectivo. Sus cuerpos en

espués de todo, yo también había perdido a

ue dio sus primeros pasos, todos los ojos habían estado sobre ella, admirá

lor resonaban en toda la sala, yo

jor irme con la poca dignidad que me q

eza volteó cuan

unos rastros salados en mis mejillas. Sin embargo, ¿qué pasaría con e

e ir al cuarto de Dani

ncontré a mi hijo de nueve años acurrucado con las rodillas contra s

asiado infantil, pero como

n forma de auto de carreras. -

rior. -Algo le pasó al

ombre que le había enseñado a rastrear venados el verano pasado se había ido para siempre? Acar

tenía una certeza que daba mied

se cortaban los vínculos de la manada. No obstante, aquí estaba él, demostrando la

como yo. No tendría que cargar con la vergüenza de ser el hijo

arabe de arce y sudor infantil. A pesar de que lamentaba esa desastrosa Cace

mi vida, el único corazón que m

s de naves espaciales, él me miró con sus ojos llenos

mpre estarán c

su cabello con mis dedos, justo como hacía cuando

i el sol hubiera salido después de una década de oscuridad, era una mirada que nunca me había dado a mí? ¿Que el abrazo de ello

eso en su ceño fruncido-. Tu papi y yo te amamos por

me destrozó el alma.

sé su frente, demorándome má

ntro del refrigerador. Las botellas de vidrio tintineaban, pero mi

había lleg

la noche en el hospital,

uparon el marco entero de la puerta de la cocina. La luz de la luna resaltó las fac

cima de mi hombro. Su aroma a cedro y lluvia me envolvió por un traic

i voz sonó demasiado baja en e

ensos se flexionaban bajo una barba corta que nunca me había permitido tocar. El

s soportando el peso del mundo. Yo ya conocía esta rutina

dirigí con lentit

rap

oca siempre me dejaba atónita, c

aba sombras duras debajo de sus pómulos y su e

os que

s. El modo en que se sujetaba a la mesa hacía q

zó nada. Solo habló con su e

o el d

rado diez años para q

so cómo todavía la

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