lidez habitual. Para Emma, la luz solo servía para resaltar las manchas de sangre que aún quedaban en las juntas del pa
ba un bloque de madera. Parecía haber olvidado el terror de la noche anterior, pero Emma no. Ell
no el CEO impecable con un traje gris marengo que costaba más que el apartamento que ella había dejado atrás
un beso rápido en la frente del niño-. Los que irrumpieron anoche eran mercenarios de la Jaur
ándose del sofá. Su voz no tembló-
ándose hacia ella c
n q
hijo porque no supe cómo detener a ese hombre. Le clavé un cuchillo y se rió en mi cara. No voy a p
tre sus manos. Sus pulgares acariciaron sus pómulos con u
nes su velocidad ni su fue
a, apartando sus manos-. Enséñame. Enséñame cómo matarlos. Enséñame dónde le
abía un núcleo de acero que lo fascinaba. Su lobo rugía de aprobación. No quería una comp
nte-. Y Emma... no esperes que sea gentil por ser la
nte ya estaba allí, vistiendo solo unos pantalones de chándal negros. Su torso estaba cubierto de cicatric
, notando la mirada de Emma-, pero las heridas h
la alfombra y le hizo un g
ocan, estás muerta, a menos que tengas plata contigo. -Le lanzó un pequeño puñal con un brillo mortec
arma. Se sent
ta golpearme
desvanecido de su frente y aparecido detrás de ella. Su brazo la rodeó por el cuello, no para apretar, s
anos, Emma. Tienes que usar tus oídos, tu i
de las que podía contar. Estaba sudada, su cabello castaño se pegaba a su frente y
lizarla de nuevo, ella dejó de resistirse a la fuerza y usó el propio peso de él. Se dejó caer, giró sobre sus talones y, en un movimiento que
ado y los ojos brillantes de triunfo. Dante la miraba desde abajo, con una sonrisa dep
queña humana
ón sexual que habían estado reprimiendo desde la noche en la oficina estalló como una t
mbre fue un susp
l, su voz vibrando contra sus labios-. Di
esfuerzo y a una necesidad primitiva. Dante gruñó, un sonido que nació desde lo más profund
en que entraste a ese hotel hace un año, tu alma fu
-logró decir ella, aunque a
cuello, justo donde la arteria latía con fuerz
sudadera, el intercomunicador del gimnasio chirrió.
dor de los Cazadores. Y no viene solo. Trae una orden de inspección del Consejo de Se
presión transformándose instantáneamente de amante a gue
Sasha debe h
do de recuperar el al
o Humano? ¿
as de plata pesadas -explicó Dante, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano-. Emma, necesito que me escuches. No puedo dej
mos? -preguntó ella
ó con una se
y una forma de hacerlo que el Consejo no pued
Cu
en su cuello donde sus colmillos deberían ir-. Esta noche, frente al notario del Consejo y los test
nio. No por amor, sino por supervivencia
eguntó ella, aunque
da-. Tienes tres horas para prepararte. Sasha te ayudará con el vestido. Y Emma... trata de
iró su reflejo en los espejos de la pared. Ya no era la asistente personal. Era u

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