teando como si acabara de ganar la lotería. C
te que venías. Si sé, te dej
o si tuviera doce - y lo arrastró al comedor con ese entusiasmo de señora que quiere p
reguntó, sentándo
ijo él, soltando una ris
le dos golpecitos en el hombro-. Esa cabeza tuya para
a. Lo vi apretar tanto el tenedor que
to, mientras el primo se removía con una incomodidad que le salía por los poros. Cada risa de su madre hacia el invitado era
o dedo, y el hábito de girar una sortija vieja en el pulgar cuando pensaba. Pero eso no era lo que me encendía; lo que me encendía era que no
clinó hacia mí y murmuró algo sobre la sal, so
a tía solt
e ese barco del infierno. Viene con un proyecto nuevo, mijo, y trae
el veneno de un solo sorbo. Yo, mientras tanto, disfruté la sen
uso ir a la alberca. Con el primo mordiéndose el orgullo y el amigo aún imperturbable, yo subí por el b
enidad; el amigo flotando boca arriba, ojos cerrados, como si estuviera so
ente oleaje para que notara mi silueta. E
odiabas
té, dejando que el agua me
brazo. Un contacto apenas, lo just
lado tú? -susurré
con una neutralidad que d
impático -dije, quedá
s más decente -solt
ro era una
¿En qué s
gracia -concluyó; luego nadó hasta la otra
rimo me observaba con un brillo triunfal que apenas disimulaba. Dio unas brazada
vez de apagarme, la humillación me echó brasas internas. Ese hombre me
a una dosis de aprobación instantánea. Frente al espejo, cabello suelto, labios s
espués, vibró e
rita, por una vez en tu vida. No olvides que hasta tu primo
cama, bikini aún pegado, aire grueso en los pulmones. El mensaje retumbaba como campana de iglesia
a de calor y culpa. Afuera la casa enmudeció; ventilador, platos, voces, todo s
el pasillo descalza, respirando apenas. Las puertas estaban cerradas, luces apagadas. Llegué a la del primo. D
os vece
erto? -susurr
puse un dedo en los labios antes de que soltara palabra, me escurrí

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