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Historia

Capítulo 3 La primera herida

Palabras:1670    |    Actualizado en: 06/02/2026

uedado atrapado entre los edificios, como un animal herido que se niega a morir. En la casa de los

ntallas, perdidos en mundos digitales donde no tenían que mirar a su madre a los

en cinco minutos -susur

veía joven, vibrante, peligrosamente libre. Alba, por el contrario, vestía un pantalón de lino be

João llama al fijo? -la voz

, señora. Y el señor João ya dijo que no volvería hasta el lu

la puerta principal tras de sí, el "clic" de la cerradura so

astronauta que acaba de aterrizar en un planeta desconocido. La ciudad de noche no se parecía en nada a la que veía desde

tas rodeado de rascacielos. Marta, con una energía contagiosa,

nte años que no me subo a una

Es como respirar. Solo que esta vez

os nudillos se le pusieron blancos. Se subió con torpeza, sintiendo que el equilibrio se

mbro. Al tercero, Alba sintió algo que le recorrió la c

siempre llevaba. Por primera vez en dos décadas, no había paredes. No había un techo de esca

n. Se vio como la novia joven que creyó que el control de João era una forma de cuidado. Se vio como la madre que se anuló para que sus hijos tuvieran una "casa perfecta

nacer! -gritó Alba, soltando una

era. En una de las bajadas del parque, cerca de una fuente iluminada, la rueda d

uilibrio se rompió y Alba salió despedida hacia un lado. El sonido

ó cómo la piel de su rodilla se desgarraba contra la superficie rugosa. Se

a tiró su bicicleta

r se acercaron rápidamente. Un joven con

en, examinando la rodilla de Alba, que ya empezaba a san

la ruptura de su burbuja. La sangre roja, brillante, er

ó una mujer que se había detenido a ayudar-. Esa h

ncajados por el miedo-. Marta, por lo que más quieras, no llames a João. Por nada del mundo. Él no puede sa

Alba a subir al taxi que llamaron los transeúntes, pero mientras Alba se

e infecta o si usted no puede caminar

o! -suplicó Alba, pero M

"bip" era un clavo en su ataúd. Finalmente, la voz de João tronó a través de

sa? Son casi las

accidente. Estamos yendo a la clínica

línea. Un silencio que a Alba le heló

horas? ¡Le dije que se quedara con los niños! ¡Le di una orden clara! -la vo

emblorosa, le acercó

tiendo que volvía a ser la

voy a ir. No voy a interrumpir mis reuniones en la capital para ir a curarte una rodilla que te rompiste por tu propia estupidez. Quédate en esa clínica, p

do de la línea muerta era lo

ntiséptico, Alba no gritó por el escozor del alcohol. Sus ojos es

ada a su lado, co

dría. Pensé que, al saber que est

dolor físico se había vuelto un ruido de fondo comparado

dijo Alba, y su voz ya no temblaba-. Me

é se r

umano que sufría, sino un activo que se había averiado por no seguir las instrucciones de uso. La "reunión en la capital

encierro era amor. Creyendo que si yo era perfecta, él me querría. Pero no hay amor. Nunca lo hubo. Solo hay un contrato de

ado el sentido a un hombre que no la valoraba. Se vio a sí misma sentada en aquel bal

e de la camilla con dificultad, apoyándose en Marta-. Pero

La herida de su rodilla iba a dejar una cicatriz, pero Alba la miraba casi con orgullo. Era su prim

luz fluorescente de urgencias. Ahora solo quedaba la ve

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