do transparente se teñía de gris oscuro. Ceniza y grasa. El olor del dragón -azufre, almizcle y acero
mente de un gris tormenta, parecían febriles, inyectados en sangre por
su voz sonando extraña en la sol
el niño asustado que acababa de ver la muerte en el flanco de su amigo.
ón de terciopelo negro con el emblema del dragón bicéfalo bordado en hilo de plata. Se ciñó la espa
n demasiado anchos, los techos demasiado altos, diseñados para que incluso los gigantes se sintier
a del Consejo, dos guardias golpearon el suelo con
a piedra húmeda, sino a cera de velas caras, pergamino viejo
na en forma de lágrima, los hombres más
sido un hombre que inspiraba canciones de guerra; ahora, su piel tenía la textura del papel arrugado y sus manos
adrado con más cicatrices que piel visible, t
junto a una ventana est
exageración, con una cabeza completamente calva y tatuada con runas de contención mágica que brillaban tenuemente bajo la luz de las lámparas. Era el
Thorian, su voz rasposa, como hoj
su asiento frente a Varek-. Estaba supervisando los pre
sclerótica visible debido a años de uso de ma
propia obsolescencia, alteza -dijo Varek. Su voz era
se le erizaba el
conceptos filosóficos sobre la
Majestad, como estábamos discutiendo antes de la llegada del P
gruñó, golpeando l
bárbaros de las Tierras Bajas se están envalentonando. Saben que nuestras patrullas aéreas han disminuido. Necesi
otándose las siene
Los criaderos están vacíos. Los huevos
a capital -insistió Kaelen-. Enviad
mo la ceja tatuada de Varek se alzaba un milímetro-. Es el símbolo de la cor
ración -rep
s debatiendo síntomas, no la enfermedad. El General tiene razón: necesitamos fuerza. El Príncipe tiene razón: no p
de su túnica azul noche, sacó un objeto envuelto en terciopelo y l
nto teatral, r

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