img La Secretaria Comprada: El Precio de la Venganza  /  Capítulo 5 La Primera Regla | 5.38%
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Historia

Capítulo 5 La Primera Regla

Palabras:1110    |    Actualizado en: 21/02/2026

er que Valeria ya no reconocía. Se había frotado la piel con la esponja hasta dejarla roja, c

, y respiró hondo. «Es solo un año», se dijo a sí mi

rando encontrar la habitación

quiv

estaba

bitación, con una pierna cruzada sobre la otra de forma casual, como

reloj de pulsera que valía más que la

intiéndose repentinamente desnud

¿Qué haces en mi habitación?

ve, poniéndose de pie-. No hay "tu habitación". Hay h

ra industrial. Valeria frunció el ceño, confundida, hasta que

traje

n paso adelante antes de record

mo si no pesara nada, y la dejó caer

hace parecer... frágil. Y no necesito fragilidad. Necesito eficienc

con un gesto

r, había un conjunto de ropa. No era un uniforme de secretaria

a a caminar con un balanceo provocativo. Junto a ella, una blusa de seda color vino tinto, traslúcida y delicada, con un escote en V prof

nte, observando la reacción de

ropa y luego a

. Es... indecente. Pa

safiante-. ¿De una mujer que sabe lo

travesó la distancia. Valeria retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pare

ria. Esta es la Prime

susurro ronco que

ante, es cara y, sí, es provocativa. Porque quiero que cuando entres a una sala de juntas, todos los hombres dejen

do. Podía sentir la mirada de Dante bajando por su cuello, de

camente-. Si no sales vestida en cinco minutos, entraré y te v

alió de la habitación, dej

latidos frenéticos de su corazón. Miró la bolsa de basu

, dejó caer la toalla

ando sus caderas y cintura con una presión casi obscena. Se sentía expuesta, marcada. Cuando se calzó lo

l espejo de

Pero parecía peligrosa. Parecía una femme fatale d

tragó las lágrimas

co de una puerta, revisando su teléfono. Al escuc

det

. Un deseo puro, crudo y masculino que la golpeó en el estómago. Dante la recorrió con la mi

, denso y cargado de

denó él, con la voz

ió. Dio una vuelta lenta. La falda se

scara de indiferencia volvió a caer sobre su rostro, a

nuca y se estremeció. Él extendió la mano y, con un movimiento lento y deliber

-. Vamos. El café no se va a servir solo. Y ti

ndo su hombro con el suyo, y

a. Se sentía humillada. Se sentía objetificada. Pero, en lo más profundo

enzado. Y Dante Vo

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