oria. Santuario lo
ra seis, cargada de plata y cristal. Rosbif, puré de papa
su padre, Surco. Él no le había dirigido la palabra
ndo el silencio-. ¿Qué aprendiste en ese
ló en su co
dió a esquivar los d
malos hábitos -dijo Este
s manos temblaban. Clin. Clin. Los cub
ba
Alba. Su voz era tr
so de
o? -preguntó Risco,
su puño izquierdo. Sus dedo
qué aprendí
y la jaló hacia arriba. Fuerte. P
ón se quedó
su brazo er
lgunas eran viejas, cicatrices blancas plateadas. Otras eran de un morado profundo y magullado, la
de sedación forzada. Punciones magulladas don
. El vino tinto salpicó el mante
os mío
. Se detuvo justo al lado de Ris
lo que aprendí. Aprendí a
do su silla hacia atrás.
hiciste eso
e las esposas cuando me negué a firmar la confesión. ¿Y esto? -Señaló u
isa estaban sobre su boca, lá
Brisa-. Hermana, ¿por
miró f
risa. La audiencia
almente levantó la vista de su iPad-. El fo
Alba-. Me enviaron al infi
la manga, cubr
go hamb
El silencio que dejó atrás era pesado, sofo
GOOGLE PLAY