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mancha de humedad en la esquina que parecía un pulmón magullado. Me quedé mirándola, contando las
s d
es días de
teléfono que no sonaba, luego sonaba, y luego volvía a callar. L
azas de café humeante. Parecía que tampoco había dormido m
en el borde del colchón-. ¿Firmaste lo
eramente. Busqué el café, necesitando qu
. Solo..
untó Gota, co
n Balanza estaba abierto. El último mensaje era mío,
azul. Ni confirmación de lectura
ndo una opresión en el pecho. Se sentía como un pe
suspiro larg
erdas? -Se levantó y abrió las cortinas. El horizonte de la ciudad estaba gris y lúgubre
alles húmedas. Las luces de la ciudad se difuminaban en el espejo retrovisor.
dedos sobre el volante-, podrías simp
nque a mi voz le f
ó a disminuir. Las luces de freno pint
mió Gota-.
ravés del parabrisas. N
s az
cios, rítmicos y discordantes. Una fila de auto
ando la hora en el tablero-. ¿Apenas son
cional. Yo no conducía. No había bebido. Pero la visión de esas luces, el uniforme, la a
undí más en el asiento del pasaje
tamos bien. A menos que escondas una
pero salió com
erna hacía señas a los autos para que pasaran o los detenía. Par
ventanilla cu
noches,
inó con su linterna el asiento trasero, luego
gándome por un segundo. El
cia la radio en su hombro. Murmuró algo bajo en el receptor. No pude distingu
-preguntó Gota, perd
io un paso atrás, con los
ás de la patrulla, u
rava y el asfalto. El sonido era d
pájaro frenético atrapado en una jaula. Conocí
ró en el halo
la
lo brillaban bajo la luz dura. Su rostro era una máscara de piedra, án
staban cla
el novato, po
mano, un gesto despectivo que envió al hombre m
un momento, cerniéndose sobre nosotras, bloqueando las luces de la ciudad.
dillos contra mi
resonó en
articuló
arecía furiosa, pero también un poco asustada. Uno no le dice que
El cristal bajó con
olpe, trayendo el olor a lluvia, es
ándose hasta que su cara estuvo al nivel de la mía. Sus o
era un retumbo bajo y grave que vibró en m
cir, con la voz t
tica -
linándose sobre la consola-.
e dirigieron a Gota,
nos que quiera que empiece a revisar laboca, apretand
mí. Extendió la mano, con la pa
ficació
pregunté-. S
dí -dijo-. Id
os entumecidos. Saqué mi cartera y extraj
mbre. Daga de Balanza. Pasó el pulgar sobr
alrededor de la tarjeta de
ocó el claxon. Balanza no se
ó su
vehículo. Estamos realiza
án -craspi
No solo nos estaba parando.
cia -dije, el pánico su
lsillo de su pecho, justo d
el auto
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