img La reina alfa que se negó a arrodillarse  /  Capítulo 4 La Ilusión Definitiva | 30.77%
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Historia

Capítulo 4 La Ilusión Definitiva

Palabras:1492    |    Actualizado en: 26/02/2026

zaba un techo de piedra blanca brillantemente iluminado, bañado por los múltiples rayos de sol que inundaban la habitación y la obligaron a entrecerrar l

atravesó los pulmones como fuego. Aún podía oí

nida de

el rincón sombrío

undo después, giró lentamente la cabe

na. Sus ojos aún brillaban, más agudos y fríos que el agua del río en el que casi se ahoga, pero había algo

dio un paso hacia ella

por mantener una voz serena y ma

n, deteniéndose a l

en lugar del fracaso. Admirable...

ó por esbozar una sonrisa de lado. "Q

rio, mirándola como quien mira un catálogo. Lu

". "Entonces tendré que tener cuidado con los lobos que me siento junto a ellos", dijo

on. No era una sonrisa, pero estaba cerca. "Cuídate, ma

ntró la fuerza para burlarse. "M

, revisando las costillas de Serena mientras chasqueaba

ma pr

. Apenas había tenido éxito en la primera.

ñaba las paredes con una luz dorada. Damien estaba sentado en el escritorio, puliendo metód

uando se abrió la pue

udo en la garga

sejo y todos los Alfas mayores. Es para probar la dominancia". Volvió la mirada ha

aré

ahogas en

porque había pasado por cosas peores que ahogarse en agua, peores que ver a la gent

smoronaría durante su ciclo lunar. Su aroma, su form

había senti

más fuerte que una armadura, pero sentía el hechizo tirando de su cuerpo, las costuras filtrándose en s

lverle la mirada, firme. "

utables. Luego volvió a centrarse en el cuchillo.

ra, y el humo se elevaba en espirales hacia las vigas. El olor a sudor, sangre y expectación f

a arena. «Hoy descubrirán si son lobos o cachorros. Si ganan, sobrevivirán. Si pierd

parejas lucharon entre sí, garras arañándose, dientes al de

eció resonar en sus huesos. Dio un paso adelante, aunque se

a y sus músculos se marcaban bajo el uniforme. Sonrió y la miró como un l

maneció en

el si

e junto a la oreja. El instinto se apoderó de ella, permitiendo que el entrenamiento de su padre y todas las noches que había

ca, un golpe en la garganta y un rodillazo rápido en la pierna. El ch

", espetó antes de

ba de su cuerpo y su pecho estaba inundado de calor, su aroma se desprendía de ella mientras perdía la concentración. Lu

o sobre el pie equivocado. Saltó hacia atrás, se giró hacia él, cargó el

titud

!", rugió e

on dificultad y con el sudor corriéndole por la sien. Po

es lo

a desde el otro

ella, entrecerrados, con las fosas nasales dilatadas co

cogió el

biaba y desdobló cada centímetro de tela con demasiada metódica. Podía sentir l

ún lobo que haya visto. Demasiado

antuvo la voz baja. «Perdón

enc

Tu olor ca

eló la

la máscara apenas aguan

enos de una brillantez y peligro sobrenaturales. "Hoy eres diferente. No más déb

e el pecho. Forzó la inexpresividad en su rostro e intentó que su vo

na eternidad, hasta que finalmente esa maldita

izá

reía que su propensión a sonrojarse ante la más mí

ta en la fachada de Serena. Aún no ha descubierto su secreto, pero se dispone a matar, y mi

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