zaba un techo de piedra blanca brillantemente iluminado, bañado por los múltiples rayos de sol que inundaban la habitación y la obligaron a entrecerrar l
atravesó los pulmones como fuego. Aún podía oí
nida de
el rincón sombrío
undo después, giró lentamente la cabe
na. Sus ojos aún brillaban, más agudos y fríos que el agua del río en el que casi se ahoga, pero había algo
dio un paso hacia ella
por mantener una voz serena y ma
n, deteniéndose a l
en lugar del fracaso. Admirable...
ó por esbozar una sonrisa de lado. "Q
rio, mirándola como quien mira un catálogo. Lu
". "Entonces tendré que tener cuidado con los lobos que me siento junto a ellos", dijo
on. No era una sonrisa, pero estaba cerca. "Cuídate, ma
ntró la fuerza para burlarse. "M
, revisando las costillas de Serena mientras chasqueaba
ma pr
. Apenas había tenido éxito en la primera.
ñaba las paredes con una luz dorada. Damien estaba sentado en el escritorio, puliendo metód
uando se abrió la pue
udo en la garga
sejo y todos los Alfas mayores. Es para probar la dominancia". Volvió la mirada ha
aré
ahogas en
porque había pasado por cosas peores que ahogarse en agua, peores que ver a la gent
smoronaría durante su ciclo lunar. Su aroma, su form
había senti
más fuerte que una armadura, pero sentía el hechizo tirando de su cuerpo, las costuras filtrándose en s
lverle la mirada, firme. "
utables. Luego volvió a centrarse en el cuchillo.
ra, y el humo se elevaba en espirales hacia las vigas. El olor a sudor, sangre y expectación f
a arena. «Hoy descubrirán si son lobos o cachorros. Si ganan, sobrevivirán. Si pierd
parejas lucharon entre sí, garras arañándose, dientes al de
eció resonar en sus huesos. Dio un paso adelante, aunque se
a y sus músculos se marcaban bajo el uniforme. Sonrió y la miró como un l
maneció en
el si
e junto a la oreja. El instinto se apoderó de ella, permitiendo que el entrenamiento de su padre y todas las noches que había
ca, un golpe en la garganta y un rodillazo rápido en la pierna. El ch
", espetó antes de
ba de su cuerpo y su pecho estaba inundado de calor, su aroma se desprendía de ella mientras perdía la concentración. Lu
o sobre el pie equivocado. Saltó hacia atrás, se giró hacia él, cargó el
titud
!", rugió e
on dificultad y con el sudor corriéndole por la sien. Po
es lo
a desde el otro
ella, entrecerrados, con las fosas nasales dilatadas co
cogió el
biaba y desdobló cada centímetro de tela con demasiada metódica. Podía sentir l
ún lobo que haya visto. Demasiado
antuvo la voz baja. «Perdón
enc
Tu olor ca
eló la
la máscara apenas aguan
enos de una brillantez y peligro sobrenaturales. "Hoy eres diferente. No más déb
e el pecho. Forzó la inexpresividad en su rostro e intentó que su vo
na eternidad, hasta que finalmente esa maldita
izá
reía que su propensión a sonrojarse ante la más mí
ta en la fachada de Serena. Aún no ha descubierto su secreto, pero se dispone a matar, y mi

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