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nas de aquella chica no salía de mi cabeza y la rabia me quemaba por dentro. Había aguantado las lágrimas durante lo
pechos generosos pero no de la forma en que le gustaba a los hombres o a las mujeres, a las mujeres o a la sociedad... al mundo. Un rostro bonito, PARA SER GORDA, era lo que siemp
da; traté de cubrirme, de disimular, pero fue imposible. Mis mejillas estaban todas manchadas de rímel, aunque se suponía que era a pr
l pelo negro desordenado de forma intencional. Mandíbula marcada. Boca firme. Hombros amplios bajo un traje oscuro perfectamente cortado, pero sin corbata. La camisa abierta en el primer botón, como si las normas fueran sugerencias para otros hombres, no para él. Tardé un poco en percibir que
s chicas en un francés perfecto. La miré; había acercado la
alto que la primera. No sé, que eran idénticas; gemelas. Rieron
n instante hacia las chicas. Luego volvieron a mí. Carraspeó,
ente-. Hoy somos solo nosotros tres en un cuar
o a los labios, la otra le giró el rostro hacia ella, quitándoselo a la primera, y besándolo co
ubir a mi auto y llorar, gritar, maldecir a Alessandro y a su maldi
da -espetó el hombre co
femme
ra salió
vador frente a una desconocida acababa de llamarme grosera. Me detuve en seco y gi
da mi rabia contenida, desbocada hacia él-. Se p
, sorprendidas de que la mujer a la que habían
eocupado, una s
z con mejor acento mientr
essandro echado en el sofá, encima de él su secretaria, con la falda arremangada en la cintura, una cintura pequeña, sin rollos, sin imperfecciones, contorsionándose como una maldita bestia enjaulada, e
s aquí? -su voz cortante
z a él. Sentí algo dentro de mí quebrarse con
salió más firme de lo que me
i mis palabras fueran u
¿Cómo... cómo pudiste? ¿Cómo pudist
l, que me golpeó más fuer
, Isabella. Un maldito contrato.
lía más que un puñal, más que cualqui
cr
con desprecio-. Eres ingen
y salió, evitando mirarnos, como si t
con una expresión que mezc
ste que alguien como yo se senti
mi cuerpo, sin di
apellido útil. Pero no eres
inal llegó
no inspira pasión
si segura de que era mi corazón rompiéndose, y para
ad -dije, con una calma
y salí. Las lágrimas...

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