Mi novio falso es un CEO millonario. La venganza de la Curvy / Capítulo 6 EL ANILLO Y LA MENTIRA | 54.55%prendiera el peligro que corría. Me estaba gustando d
no... -
etó co
o que se mu
tá
sin pe
labios rozaro
No pude. Su boca era cálida, firme. Cuando presionó un poco más, sentí cómo algo en mi interior cedía. Mis dedos se af
ido lejano. Solo existía la sensación de su boca moviéndose sobre la mía, lenta, profunda,
ermiso, encendiendo cada nervio. Sentí mis rodillas debilitarse y él lo notó; me sostuvo c
torso contra mis pechos me arrancó un suspiro
arme, arqueándose apenas contra el suyo. Una descarga eléctrica me atravesó cuando sus labios desc
ré sin reconoce
e creía muerto desde hacía seis meses. Y cuando volvió a besarme, esta vez sin suavidad, con una intensidad que me hizo p
gueteó con mi cabello. Noté algunas miradas curiosas a nuestro alrededor. Me p
ó de la mano y caminó hacia la tar
micrófono del pedestal y caminando ha
nas me temblaban; el calor que me quemaba
aciendo?, m
mian Vi
ercaron a la tarima. Este imbécil se está sobrepasando, ¿po
s un anuncio -me miró-, es un momento impor
s se arrodillaba. El destello me cegó por un instante. Los m
enegro, ¿te ca
n los labios fruncidos, tratando de encontrar en su mirada algo que explicara lo
ré en dirección a la vo
ue sí -un pequeño gr
é su expresión. En ese momento dejé de pensar que era demasiado. Sí, tal vez habíamos llegado demasiado lejos con toda esa farsa, pero valía la pena el riesgo si esa iba
rité-. Sí,
bios, esta vez sin pedir permiso. Fue un beso rá
mi prometida será cancelar la fu
lborotadas. La cara de Alessandro fue poesía, poesía pura. Lo disfruté, aunque sabí
edo; me quedaba un poco apretado, pero estaba bien,
arima entre vít
s del hotel casi huyendo de Alessandro, q
cara? -me
ada mueca d
calle solitaria, aú
tienes
mbre en público, a comer apenas unos bocados y decir que estaba llena, y
ómago
tamos una
ozco un lug
ntras yo le contaba lo que Alessan
equeño quiosco
ar increíble creí que
caro y
al menos las norma
como si conocier
rico y prepotente como la mayoría de los hombres de mi entorno. Era solo
al hotel, mi ch
amos en silencio.
s necesario q
llover. Las gotas cayeron primero tímidas, finas; luego se h
sp
as partículas de polvo, piedrecitas diminutas en las plantas
al auto, Damia
-dije mientras rebuscaba en mi bolso, buscando unos bil
lo me miró a mí. Sus ojo
o? -pr
mente. Asentí, deseando no solo q
o -dijo, como si hubiese
mezcla de ver
mío. Vi al falso Damian Villalobos acostado a mi
ertara; quería huir mientras él dormía y evitar la vergüenza
elo, junto a nuestra ropa. Lo
acostaste c
o el s
entonces cumplis
. Por supuesto, ¿cómo un hombre así iba a e
e vestía, extendido en la cama, espa
e dije, y dejé s
hurta

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