img Mi novio falso es un CEO millonario. La venganza de la Curvy  /  Capítulo 6 EL ANILLO Y LA MENTIRA | 54.55%
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Historia

Capítulo 6 EL ANILLO Y LA MENTIRA

Palabras:1348    |    Actualizado en: 03/03/2026

prendiera el peligro que corría. Me estaba gustando d

no... -

etó co

o que se mu

sin pe

labios rozaro

No pude. Su boca era cálida, firme. Cuando presionó un poco más, sentí cómo algo en mi interior cedía. Mis dedos se af

ido lejano. Solo existía la sensación de su boca moviéndose sobre la mía, lenta, profunda,

ermiso, encendiendo cada nervio. Sentí mis rodillas debilitarse y él lo notó; me sostuvo c

torso contra mis pechos me arrancó un suspiro

arme, arqueándose apenas contra el suyo. Una descarga eléctrica me atravesó cuando sus labios desc

ré sin reconoce

e creía muerto desde hacía seis meses. Y cuando volvió a besarme, esta vez sin suavidad, con una intensidad que me hizo p

gueteó con mi cabello. Noté algunas miradas curiosas a nuestro alrededor. Me p

ó de la mano y caminó hacia la tar

micrófono del pedestal y caminando ha

nas me temblaban; el calor que me quemaba

aciendo?, m

mian Vi

ercaron a la tarima. Este imbécil se está sobrepasando, ¿po

s un anuncio -me miró-, es un momento impor

s se arrodillaba. El destello me cegó por un instante. Los m

enegro, ¿te ca

n los labios fruncidos, tratando de encontrar en su mirada algo que explicara lo

ré en dirección a la vo

ue sí -un pequeño gr

é su expresión. En ese momento dejé de pensar que era demasiado. Sí, tal vez habíamos llegado demasiado lejos con toda esa farsa, pero valía la pena el riesgo si esa iba

rité-. Sí,

bios, esta vez sin pedir permiso. Fue un beso rá

mi prometida será cancelar la fu

lborotadas. La cara de Alessandro fue poesía, poesía pura. Lo disfruté, aunque sabí

edo; me quedaba un poco apretado, pero estaba bien,

arima entre vít

s del hotel casi huyendo de Alessandro, q

cara? -me

ada mueca d

calle solitaria, aú

tienes

mbre en público, a comer apenas unos bocados y decir que estaba llena, y

ómago

tamos una

ozco un lug

ntras yo le contaba lo que Alessan

equeño quiosco

ar increíble creí que

caro y

al menos las norma

como si conocier

rico y prepotente como la mayoría de los hombres de mi entorno. Era solo

al hotel, mi ch

amos en silencio.

s necesario q

llover. Las gotas cayeron primero tímidas, finas; luego se h

sp

as partículas de polvo, piedrecitas diminutas en las plantas

al auto, Damia

-dije mientras rebuscaba en mi bolso, buscando unos bil

lo me miró a mí. Sus ojo

o? -pr

mente. Asentí, deseando no solo q

o -dijo, como si hubiese

mezcla de ver

mío. Vi al falso Damian Villalobos acostado a mi

ertara; quería huir mientras él dormía y evitar la vergüenza

elo, junto a nuestra ropa. Lo

acostaste c

o el s

entonces cumplis

. Por supuesto, ¿cómo un hombre así iba a e

e vestía, extendido en la cama, espa

e dije, y dejé s

hurta

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