vista d
solía ser mi dormitorio matr
e unen, donde duermen, donde son más vulnerables. Entrar en la Guarida de otro
or. Me cubría la ga
todas partes. Estaba en las co
fuerte e
n dosel. Yo había elegido esas sá
abello rubio
imida durante cinco años para que Alejandro se sintiera f
ó en mi mente.
ue me lo dije
esquina de
diez hombres humanos. Pero en este momento, impulsada por la furia de
arranqué el pesado colc
rré las almohadas. El
al jardín delantero. Los abrí de una patada.
trelló en el césped impecable tres pis
ohadas. Luego
ación. La puerta del cl
ndro estaba a la izquie
ente en mis ganchos, había ropa bara
de leopardo. Abrigo
sitado; había comenzado el proceso de re
a. No me molesté con l
ré. Revoloteó hacia abajo
onios está
vuelta br
imena. Se había quedado en casa y no había ido a la
e papitas, con la bo
o -dije f
andro! ¡No puedes tirar cosas por
puerto de Kansas comiendo galletas de una máqu
ro y yo el día de nuestra boda. Él se
lev
ue eras inestable. Brenda va a ser una Luna m
que yo pagu
lfombra, así que la aplasté bajo mi tac
baja, vibrando con un gruñido que h
e órdenes! ¡Mi h
lo que no puede permitirse -espeté-. ¿Y esta casa?
a pal
rto. Es la Cas
e, avanzando hacia ella-. Yo la compré.
e del tocador: el spray de
dejé caer. Se estrelló en e
hice algo
a luz azul suave y ca
de sangre que había ocultado. La
. Era el Fuego de la Purificación. Era una habilidad
na g
ué e
te, devorando la tela y el olor de la intrusa, sin dejar nad
cansó de ser
ión vacía y cub
zada-, que si quiere recuperar su Guarida, pued
on el suyo con la fuerza suficiente
avión q

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