y, de manera inexplicable, a tierra mojada y bosque oscuro, un aroma salvaje que contrastaba violentamente con el lujo del vehículo. Observé a través del cristal tintado cómo las
Intenté calmar mi respiración, pero el pánico era un animal salvaje arañando el interior de mi pecho. Cada semáforo, cada giro
izo como un monolito de obsidiana, una estructura de cristal oscuro y acero que parecía absorber la
rta, un hombre vestido con un traje gris oscuro la
los lados y unos ojos de un color ámbar extraño, tan fijos y penetrantes que me hicieron sentir como una
laria a la que estaba acostumbrada. Asentí en silencio, recogi
hueco y el sonido de nuestros pasos mientras Elias me guiaba hacia un ascensor privado de puertas plateadas. No había botones en el panel interior, solo un
cio mientras los números de los pisos parpadeaban en una pantalla digital-. Le sugier
i futuro había sido vendido, pero seguía siendo una Sterling. No iba a permitir que e
frialdad, aunque mi voz me traicio
suave murmullo en el último p
rtiginosa de la ciudad envuelta en nubes de tormenta. La decoración era espartana, dominada por tonos grises, negros y made
nmenso ventanal, de espald
Blac
nsaban la tela de su traje negro hecho a medida. Había una quietud en él, una postura rígida y acechante que hizo que todos los instintos de supervivencia
ndo, áspero y oscuro, como el sonido del hielo crujiendo bajo la presión. Ni siquiera s
espacho, cerrando las pesadas puertas dobles detrás de él con un cl
az de dar un paso más. Mi corazón l
Silas se d
ro esa descripción se quedaba corta. Su rostro era una obra de arte tallada en granito, con una mandíbula afilada y pómulo
menta, destellaban con un brillo dorado casi antinatural. Me miró fijamente, escudriñándome desde la punta de mis zapatos empapados hasta
lo, una reacción absurda y primitiva que mi cerebro no logró comprender. Luché co
daron por su lengua sonó como un insulto-. Pensé que las mujeres de s
ó una chispa de rabia en mi pecho,
el chantaje para obligarme a casarme con un desconoci
o una pantera acechando en la oscuridad. Se detuvo a menos de un metro de mí. El aroma a pino, lluvia y algo peligrosamente
i su falso orgullo aristocrático. Usted está aquí porque su padre es un fraude incompetente que estuvo a punto de perder las Tierras del Norte. Tierras que yo neces
us palabras fue c
el matrimonio? Podía simplemente
microsegundo, juré que el dorado e
o comercial. Un año. Trescientos sesenta y cinco días en los que usted fingirá ser la esposa perfecta frente
y tomó una pluma estilográfica plateada junto a
ir
gina parecía el borde de un precipicio. Dudé por u
irmo...
nterrumpió, su tono carente de cualquier atisbo de piedad-. Su madre será desalojada mañana por la
que me dolió la mandíbula
aguda y violenta, chisporroteó entre nuestra piel. Fue un golpe tan fuert
rradoramente a un gruñido. Retiró la mano como si lo hubiera quemado, sus ojos dorados abriéndose d
bruscamente, poniendo distancia entre nosotros c
lo había tocado, me incliné sobre el escritorio. Sin leer una so
rto. Desde ese instante

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