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Historia

Capítulo 2 LA SANGRE DEL IMPERIO

Palabras:1515    |    Actualizado en: 17/03/2026

e desde su puesto en la fortaleza avanzada de Norathis. A sus veintitrés años, ya era un veterano de incontables batallas, forjado en el fuego de la guerra desde su ado

mandaban una expedición en las Islas Negras. Orión tomó la carta con manos firmes, pero en su interior sintió un peso hundirse en su pec

os oscuros no mostraban sorpresa. Quizás porque entendía mejor que nadie el destino de los herederos del emperado

ón del palacio, los comandantes que habían estado bajo el mando de Apolonio y Cesarión fu

voz reverberaba las paredes-. ¡Mis hijos

enerales cay

. nos superaban en número..

o imperial desenvainó su espada y de un solo tajo limpio decapitó al general. L

e volvió ha

fueron traidores, fueron incompetentes.

nios del imperio. Pero la ira del emperador no se detendría allí. Varios nobles cercanos a Apolonio y Cesarión fueron arrestados

se teñiría aún más de rojo, y él, como comandante supremo de l

apital -dijo Kassandros

nte. La guerra nunca terminaba, y ahora, la lucha

arethia. Desde la cubierta, Orión observaba la majestuosa capital extendiéndose ante sus ojos: una ciudad de torres doradas y cúpulas imponentes, pero ahora cubierta por un aire de opresión. Algo había cambi

e principal. Eran soldados de élite, vestidos con armaduras de negro y oro, con lanzas en alto y rifles listos para disparar si la situac

labra-. Por orden de Su Majestad, ningún ejército tiene permitido

ión, listos para actuar si su comandante daba la orden. U

la mirada en

. No necesito permiso para

irada, aunque una sombr

directamente del emp

ión. Kassandros Varethia. Su mano se cerró sobre la empuñadura de su espada y

rgada de veneno-. ¿Desde cuándo un simple perro del em

vamente llevaron la mano a sus armas, y el aire pareció volverse más

etuvo su avance a regañadientes, aunq

d mientras daba un paso al frente, sin apartar la vista del capitán-. Dile a

ió de inmediato y dio una orde

Kassandros, con una mirad

estupidece

sopló y envai

diotas quieran interpon

ssandros caminaba en silencio, la tensión marcada en su expresión. Regresaban a la capital, pero

ssandros-. El canciller no es má

r más. Ambos conocían la verdad, pero

vo la vista

o y fuego. Ahora ese fuego está c

s apretó

solo podemos

era responder, una voz

e saludarían antes de

dose. Su vestido negro ceñido realzaba su port

do evitar que un leve gesto

assandros con un

se cruzó

e. Orión solo frunce el ceño y hab

rqueó u

so no l

amente y luego s

ndo igual d

y dándole un apretón antes de apoyarse un instante en él.

esto, pero cuando lo hizo, sintió cómo p

ró Thessalia contra su hombro-. Padre no escucha, la corte está div

lo justo para mi

aquí

ue su expresión seguía

cuánto

no res

n. Era el duque Castor Velian, un hombre de unos cuarenta años con una postura firme. Su cabello castaño o

haven, es un hono

nó levement

No esperaba e

pero sus ojos per

uro del Imperio. Y últimamente, todo s

ndo sus palabras. Velian siemp

ben tomarse antes de que tod

cabeza en un gesto

vale que las

dio la vuelt

rada. Algo en su tono le

so decir con eso? -

retó la

a bu

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