e desde su puesto en la fortaleza avanzada de Norathis. A sus veintitrés años, ya era un veterano de incontables batallas, forjado en el fuego de la guerra desde su ado
mandaban una expedición en las Islas Negras. Orión tomó la carta con manos firmes, pero en su interior sintió un peso hundirse en su pec
os oscuros no mostraban sorpresa. Quizás porque entendía mejor que nadie el destino de los herederos del emperado
ón del palacio, los comandantes que habían estado bajo el mando de Apolonio y Cesarión fu
voz reverberaba las paredes-. ¡Mis hijos
enerales cay
. nos superaban en número..
o imperial desenvainó su espada y de un solo tajo limpio decapitó al general. L
e volvió ha
fueron traidores, fueron incompetentes.
nios del imperio. Pero la ira del emperador no se detendría allí. Varios nobles cercanos a Apolonio y Cesarión fueron arrestados
se teñiría aún más de rojo, y él, como comandante supremo de l
apital -dijo Kassandros
nte. La guerra nunca terminaba, y ahora, la lucha
arethia. Desde la cubierta, Orión observaba la majestuosa capital extendiéndose ante sus ojos: una ciudad de torres doradas y cúpulas imponentes, pero ahora cubierta por un aire de opresión. Algo había cambi
e principal. Eran soldados de élite, vestidos con armaduras de negro y oro, con lanzas en alto y rifles listos para disparar si la situac
labra-. Por orden de Su Majestad, ningún ejército tiene permitido
ión, listos para actuar si su comandante daba la orden. U
la mirada en
. No necesito permiso para
irada, aunque una sombr
directamente del emp
ión. Kassandros Varethia. Su mano se cerró sobre la empuñadura de su espada yrgada de veneno-. ¿Desde cuándo un simple perro del em
vamente llevaron la mano a sus armas, y el aire pareció volverse más
etuvo su avance a regañadientes, aunq
d mientras daba un paso al frente, sin apartar la vista del capitán-. Dile a
ió de inmediato y dio una orde
Kassandros, con una mirad
estupidece
sopló y envai
diotas quieran interpon
ssandros caminaba en silencio, la tensión marcada en su expresión. Regresaban a la capital, pero
ssandros-. El canciller no es má
r más. Ambos conocían la verdad, pero
vo la vista
o y fuego. Ahora ese fuego está c
s apretó
solo podemos
era responder, una voz
e saludarían antes de
dose. Su vestido negro ceñido realzaba su port
do evitar que un leve gesto
assandros con un
se cruzó
e. Orión solo frunce el ceño y hab
rqueó u
so no l
amente y luego s
ndo igual d
y dándole un apretón antes de apoyarse un instante en él.
esto, pero cuando lo hizo, sintió cómo p
ró Thessalia contra su hombro-. Padre no escucha, la corte está div
lo justo para mi
aquí
ue su expresión seguía
cuánto
no res
n. Era el duque Castor Velian, un hombre de unos cuarenta años con una postura firme. Su cabello castaño o
haven, es un hono
nó levement
No esperaba e
pero sus ojos per
uro del Imperio. Y últimamente, todo s
ndo sus palabras. Velian siemp
ben tomarse antes de que tod
cabeza en un gesto
vale que las
dio la vuelt
rada. Algo en su tono le
so decir con eso? -
retó la
a bu

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