img LA ENFERMERA DEL MAFIOSO  /  Capítulo 3 DECISION DEL CORAZÓN DE HERMANA | 23.08%
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Historia

Capítulo 3 DECISION DEL CORAZÓN DE HERMANA

Palabras:1176    |    Actualizado en: 24/03/2026

ra viejo, de paredes delgadas y luces amarillas que nunca terminaban de iluminar bi

iempre, aunque sabía que su hermana apenas podría probarl

adre estaba sentada en el sillón de la sala, como todas las noches, con la espal

dijo sin reproche,

-respondió Cassandra en

r negó d

El médico llamó en la tarde, dice

los ojos un segun

Dur

madre-. Le costó mucho conci

a forzó u

pre pr

-contestó la mujer, mirándola fijamente-

tación de su hermana con pasos lentos. Abrió

los labios secos, y el cabello recogido en una trenza floja que Cassandra le había h

surró-. Maña

tó los zapatos, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la c

miró la pantalla era el Dr. Arrieta. S

spo

ijo, sin salu

ra -respondió él-Te

incorporó

fuera del hospital -explicó-Y cu

ieta-Cualquiera p

vantó y caminó h

ame -

dados privados -comenzó el médico-Y pidió esp

erró lo

seguida-No estoy disponible y ta

-Pero necesito que escuc

esc

e confianza, veinticuatro horas -continuó-

dinero -dijo Cassandra-M

na brev

ondió el doctor-Porque él puede hacer

a se qued

sabe u

con franqueza-Y porque Angelo

de Cassa

emia, no es algo que se

Pero sí se sostiene con

ó la mano contr

ijo-. No voy a aceptar nada

spondió Arrieta-. Pero hay

ué c

oral -dijo-. Sabe quién eres. Y

io se volv

nvitación -murmuró Cassandr

a -corrigió Arrieta-.

ra cerró

erlo -dijo

n la hora -resp

amada

e la otra habitación llegó la respiración irregular

bre que había perdido las piernas acab

aten

de que la llamada terminó. El teléfono seguía en su man

lo de

en medio de la sangre. La forma en que no había pedido compasión. La maner

ó los

berle nada a

quería enterra

silencio frágil, sostenido apenas por la respiración de la niña al fondo del p

ó la

lma. Cada día estaba más delgada. Cada día respiraba con más esfuerzo. Cada día parecí

rcó a la cama y s

el cabello

, aunque sabía que no podí

ni hermana debería escuchar. Recordó cómo al principio había esperanza, planes, pro

a batalla que se

ía se a

etó la sábana

irme -murmuró-. Pero también t

emaron los ojos, no

a. Pensó en las cuentas acumulándose, en las llamadas que ya no co

o pensó

que aun así controlaba habitaciones enteras. En u

í? -susurró-. ¿Cui

o si sintiera la presencia. Cass

ue no voy a poder dejar. Miedo de que ese hombre n

besó la fren

o más miedo

tras la noche avanzaba sin piedad. Sabía que, pasara

ida en los que no se elige ent

lo que duele...y

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