img La Madre de los Hijos del Magnate  /  Capítulo 4 | 16.67%
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Historia

Capítulo 4

Palabras:1619    |    Actualizado en: 02/04/2026

Edward mientras abría su bolso de compras y sacaba una caja

los ojos

l mismo envoltorio

uedo darte uno de ellos -añadió Edw

... pero luego vacilaron. Miró la caja con a

sas de los extraños -murmuró, su vocecita

una ceja.

a calculando una jugada muy seria para sus cinco años. Se puso d

tomando la caja de chocolate con sus pequeñas

uedó est

lo tocaba así. Sin miedo. Sin interés. S

fue que una sonrisa genuina -rara, p

aúl, estaba emp

ra una

ecordó en voz baja, mirand

lentitud, observand

creo que debemos desp

u postura distante y elegante. D

la mano con entusiasmo-. ¡Gracias p

o ver cómo las comisuras de sus

titud. Pensó que, además de ser muy

o de gloria te

de una mujer estalló c

ció. Sabía

a cond

do y los ojos centelleando de frustración. Apenas al

as ahí? ¿Por qué sigues co

sentía dolor, se cubrió el trasero dramáticamente-. Se me cayó el chocolate..

caja de chocolate nueva que llevaba en braz

de sacas

viando la mirada como si el

ensa que soy linda

a, sintiendo un escalofr

ia la multitud...

ll ya no esta

ruzarse -después de cinco años- con el ho

in poder evitar el ardor en el pecho al ver cómo su hija aceptaba con tanta facilid

mano para darle otra palm

mbas manos y mirando a Olivia con ojos llorosos, grandes y tembloros

! -replicó Oli

la boca, es

ado tiempo... ¿A caso no

frunció

tiempo si te s

rotestar más. Sus pies pequeños golpeaban con suavidad el suelo mient

camino lo hiz

ión era abrumadora. Altos rascacielos tocaban el cielo, pantallas electrónic

era el que hab

Emma con la vecina del tercer piso, una señora amable que

entrevista

día cambiar

leos temporales. Olivia había enviado su currículum días atrás. Sabía que no sería fácil entrar

cristal que se elevaba como una torre en

sa, decidida. Ella no era la única con

al ver que el ascensor estaba

ose como pudo sobre sus tacones. Alcanzó a colarse

... ¡Oh! -balbuceó, perdien

nto desesperado por sostenerse, se aferraron a lo primero que encontraron: u

o cayó... completam

o, le inundó los sentidos. Sintió cómo su mejill

ntó lentamen

n unos ojos hela

ra frío, elegante, de líneas perfectas, como talladas en már

escalofrío reco

obre el mismísim

or de los ejecutivos? -exclamó una voz ma

aleándose, con las mejillas

engo prisa... -intentó levantarse mientras hab

cía empeñado en juga

los botones del saco del hombre que tenía frente a ella. Al tirar hacia atrás, el cuero cabelludo le dolió y,

! -exclamó, casi jadeando, sus me

ada se escapó de alguien. Y otra. Algunos presentes, que habían presenciado la escena, s

urda que por la proximidad física. Para alguien tan notoriamente que despreciaba el contacto

con e

sus ojos de su rostro, com

berarse torpemente, pero el tirón sólo enredaba más su ca

e? -pidió, sintiéndose cada vez más ridícula. No podía

n esa voz. En su olor. En la forma deses

como

a vaga, pe

y deslizó sus dedos largos y precisos hacia su cabello. Con movimi

e -ordenó con voz fría

gó saliva.

me result

se le detuv

como una ráfa

de hace c

. abrió los ojos un instante. No pudo ver claramen

voz que ahora la atr

n un hilo de voz, incap

uvo re

u cabello, se enderezó, y volvió la vi

o a mano de impecable corte. Sus labios fruncidos eran tan perfectos. Su expresión, d

e por su torpeza. No podía permitirse pensar

mismo hombre ante quie

padre de

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