e Isa
ba mi bolso, que se sentía como un objeto de concreto, pesado como una tonelada. Apresurada, avancé por la calle oscura, con la voz de Adrian
hazar. Vibró. Rechazar. Vibró. Después de la quinta llamada, lo metí en l
mi hogar y yo. Mientras caminaba, vi un tenue resplandor de neón m
licor y humo. Tomé asiento en un taburete jun
una voz más firme d
rago, dejando que el ardor calmara el dolor
vibraba contra mi muslo, y
jo al menos se había difuminado. Pero el dolor seguía ahí. Una vez
preguntó una voz
con el teléfono pegado a la oreja, aunque enseguida noté que no h
Sus ojos, de un gris tormentoso, se encontraron con los míos
uré algo como: -Algo así
yo también. Aun así, podía sentir su presencia, como
nclinarse bajo mis pies. Mis rodillas cedieron y me s
, una mano fi
jo, rodeándome
mentí, intent
e cara. Eso no parece esta
apoyé en el lavabo y miré mi reflejo. Mi maquillaje estaba corri
el ritmo -dijo, apoyado
a a través del esp
puedo decir que no estás aquí porque te e
Aparté la mirada del es
o? -pr
palabra cas
tes de decir: -Y prefieres be
Crucé los brazos, con la voz temblorosa.
ta lo que es llamarte y no pod
a los ojos. No se burlaba. N
es? -neces
espondió s
ntamente.
e, como si lo pr
más pequeña, cargada. El latido de mi pulso retumbaba en mis oí
ilación. Luego su mano se deslizó hasta mi c
paramos, jade
tá mal -
us ojos seguían fijos en
palabras no dichas. Mi teléfono vibraba sobre la ba
ería...
hagas -interru
no me
, la calma tenue de la ciudad, su voz baja y firme anclándome cuando mis pe
por una cortina desconocida. Me dolía la cabeza, y me i
tación d
. Me giré hacia la mesita de noche. Había una no
increíble
a adelante, apoyando los brazos sobre mis rodill
uminó sobre la mesa, mostrando
odo cayó sobre mí-vergüenz
ho? -susurré
ado de aquella habitación extraña, lleno
un día ya mise
lo y llamé
e en cuanto contestó, om

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