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Historia
El Contrato del Heredero Prohibido

El Contrato del Heredero Prohibido

Autor: DaniM
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Capítulo 1 El fantasma de Londres

Palabras:1624    |    Actualizado en: 16/04/2026

Mila Vane le gustaba pensar que la lluvia era

ntra el rostro de la modelo de alta costura que posaba frente a ella. Mila bajó la cámara, re

a para liberar la tensión acumulada tras cuatro horas de sesi

tana de cristal que daba a la calle empapada. Observó las luces de neón reflejándose en los charcos, un recordatorio constante de lo lejos que había llegado. Tres años atrás, había aterrizado en est

bía reconstruido a sí mi

la de sus pensamientos-. Yo también me marcho. ¿Necesitas qu

e encargo de cerrar hoy -respondió, girá

roto únicamente por el repiqueteo incesante de la lluvia contra los vent

jando que el aroma a roble y frutos oscuros la relajara. Estaba a punto de dar el primer s

e. Las entregas habían terminado y no esperaba a ningún cliente. Apretó los labios, dejó la copa sobre

olvidó sus llaves otra v

seguridad y tiró de la

pulmones de M

absoluto, denso y sofocante, como si la gravedad de

bón que parecía esculpido directamente sobre su cuerpo, estab

b Th

de descuido. Su mandíbula cuadrada, cubierta por la sombra de una barba de un día, estaba tensa, marcando las líneas de una furia contenida. Pero fueron sus oj

a inconfundible colonia de cedro y bergamota qu

a, e

ada de una autoridad que no admitía réplica. El sonido de esa palabra,

rones en la industria, finalmente se activó. Enderezó la columna, alzando l

res años exactos. Qué irónico que hayas veni

o reflejo. Su presencia era abrumadora, llenando el espacio que hasta hace un minuto le pertenecía solo a ella. Con un mov

como seda sobre cuchillas-. Especialmente cuando dejaste un asunto legal valorado en cien mill

con tanta fuerza contra las costilla

aldito apellido -escupió ella, su voz temblando por primera vez-. Cumplí mi año. Fuimos marido y mujer en papel, fingimos sonrisas en tus galas corp

luando el lujo industrial, las cámaras de formato medio, las fotografías enmarcadas d

la firma de ambos cónyuges para su liquidación final. Llevo tres años lidiando con un agujero fiscal porque mi

ra una transacción. Una que dejaste muy clara desde el día uno. Me pagaste para ser tu sombra, tu e

manos se volvieron de hielo. Dios mío, Leo. Su hijo estaba en la habitación trasera, la zona de descanso que había insonorizado precisame

s de color avellana de Mila. Él era un depredador corporativo;

un susurro peligroso. Se acercó lo suficiente para que e

sta que su espalda chocó contra la pared de ladrillo visto. No había a dónde huir-. Quiero que te vay

Metió una mano en el bolsillo de su pantaló

a de las líneas punteadas frente a mí. Y después de eso... -Se inclinó hacia ella, sus rostros a escasos centímetros-. Despué

continente. La había rastreado únicamente por su necesidad obsesiva y enfermiza de tener el control absoluto sobre sus activos y su papeleo. Él seguía siendo exactam

lo con un asco que esperaba que ocultara su

mantiene este mundo en ord

e saliera de su propiedad, dispuesta a amenazarlo

nciar una sola sílaba, un sonid

rueno. No f

l crujido de una puerta de mader

pleto. La sangre abandonó su rostro,

un depredador, parpadearon por primera vez. Sintiendo el cambio absoluto en el lenguaje corporal d

peluche deshilachado y frotándose los ojos hinchados por el sueño, estaba la

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