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Historia
La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar

La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar

Autor: L.alejandra
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Capítulo 1 El sabor de la traición y el precio de la salvación

Palabras:1651    |    Actualizado en: 28/04/2026

eccionando cada capa de ese pastel de tres pisos que coronaba el salón principal. Me llamo Aurora, tengo veintidós años, y hasta hace apenas una hora, creía que el destino me estaba

a de fondant demasiado dulce que, cuando la

rmuré para mí misma, limpiándome

infonía de falsedad. Bruno, mi prometido, el hombre con el que llevaba tres años de relación, el heredero de la fortuna de los Valdés, me había p

tido color esmeralda, que había elegido cuidadosamente porque me hacía sentir poderosa a pesar de mi

isas. No eran risas de negocios. Eran risas que erizaban la piel, seguidas

preguntó ella, con ese tono melodioso qu

stel. No tiene ni idea de lo que pasa a su alrededor. Es tan... predecible -la voz

rompió algo dentro, algo que no sabía que era tan frágil. Bruno estaba acorralado contra los estantes de suministros, con

un hilo de seda, un susurr

Bruno... Bruno ni siquiera se inmutó. Se limitó a arreglarse el nudo de la corbata, miránd

ras en la mesa -dijo él, con esa calma irri

r mi cuello hasta mis mejillas-. ¿Qué demonios haces con

po, deteniéndose en mis curvas, en mis caderas, en todo lo que él solía llam

a comida... te has dejado estar. Tienes que entender que un hombre como yo necesita a alguien que mantenga un estándar. Elena entiende la vida de otra manera. Deber

se abría bajo mis pies, pero en lugar de caer, algo en mi interior se en

ado el pastel de bodas que aún no habíamos servido. El betún blanco, deco

pregunté, con una calma q

tre de harina que tienes en el brazo y compórtate.

on toda la fuerza que mis brazos habían acumulado amasando

desmoronó sobre sus hombros y el chocolate manchó su camisa blanca impecable. Bruno se giró, ató

loca! -g

-. Quédate con ella, Bruno. Se merecen el uno al otro

s de esa farsa. Salí por la puerta trasera del salón, hacia la noche fría de la ciudad. El

a con mi madre, mirando el techo, tratando de calcular cómo sobrevivir al mes. Mi padre había muerto dejándome no solo su apellido, si

a nadie. Al abrir, me encontré con el hombre que menos que

como si fuera el dueño del lugar, esca

diota, pero es mi hijo, y lo que hiciste con el pastel ha

és? -pregunté, sintiendo un nudo en el e

isbo de humor. Se ajustó los gemelos de oro y me mir

á grave. Sé que las deudas de tu padre están a punto

contactos, pero escuchar cómo desnud

pregunté, con l

se maldito accidente lo dejó en una silla de ruedas. Ahora vive en nuestro viñedo en Valdenia. Es un hombre amargado

? -pregunté, aunque empezaba a sospe

en nadie de nuestra élite. Si te casas con él, si firmas un contrato de matrimonio por un año y te aseguras de que se mantenga

. ¿Casarme con el hermano del hombre que me humilló? ¿Conv

yo? -logré

o te importaron las consecuencias. Eres una mujer que no se rompe fáci

lo dejó sobre la mesa de centro. Había un cheq

Aurora. La clínica no esperará

pendientes. La desesperación se apoderó de mí, una ola fría que me obligó a tomar una dec

que algo en mi interior

ió, una sonrisa que

Prepárate, Aurora. Damián no es un hombre fá

mbre que no conocía y un destino que no había elegido. Pero mientras mis manos temblaban, una extraña determinación comenzó a crecer en mí. Si Damián era un hombre

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