La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar / Capítulo 3 La farsa del destino y el primer encuentro | 27.27%iudad, reemplazada por las colinas onduladas de Valdenia, un mar de viñedos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El sol de
trasero no era un gesto de cortesía; era una vigilancia. Quería asegurarse de que el producto que había comprado llegara sano y salvo a s
romper el silencio. Había estado dándole vueltas al contrato, al cheque, y sobre
táculo-. ¿Cómo logró que Damián firmara? No me parece un hombre que
sonido seco, metálico, que me recordó al choque de dos cuchillos.
que deje de intervenir en su vida. Ha rechazado a enfermeras, terapeutas, secretarias y contad
í el ceño-. ¿Cómo se la
ltimátum: o me deja entrar en el viñedo para supervisar sus gastos, o acepta a una esposa y yo me retiro de la gestión total de sus biene
ómago. La frialdad de su
casi en un susurro-. ¿Cómo convenció a un hom
ombros, restándole importanc
ucho antes del accidente. Le dije que habías estado esperando en las sombras, aguardando el momento adecuado para a
illación me golpeó con
ntiendo que la sangre me subía a la cara-. ¡Usted me ha c
quién eres. Él espera a una mujer que lo mire con lástima y devoción. Si
en el viñedo, recuperándose de las secuelas del accidente. Bruno siempre hablaba de él como si fuera un fantasma, una vergüenza familiar que prefería e
alicia, para evitar comparaciones. Pero eso no quitaba el hecho de que iba a entrar en la vi
do mis manos-. ¿Si se da cuenta de q
pida, ya lo demostraste con el pastel -d
viñedos centenarios que parecían custodiarla. Sin embargo, al acercarnos, pude ver la decadencia. Las paredes tenían grietas, la pintura de
rujió bajo los neumáticos. El silencio era absoluto, rot
denó el p
ra una marcha hacia el patíbulo. El señor Valdés caminó co
reunión de negocios en la ciudad. Ya sabes dónde está tu habitación. T
e segundos, me dejó sola frente a la puerta de madera tallada de la hac
a. Ante mí
e, con un suelo de baldosa fría y un olor a cera vieja, vino ra
ndo demasiado pequeña en aq
uz tenue que provenía de lo que parecía ser un estudio al final de
z de Damián retumbó, profunda, ronca y c
studio y la encontré entreab
a él. Dami
sobre una frente surcada por la tensión. Estaba de espaldas a la puerta, frente a un ventanal que daba a los viñedos, con una copa de vino en la maruñido-. Si eres la enfermera de la agencia, dile a mi padre
tación, obligánd
e, tratando de sonar más v
lor avellana intenso, se clavaron en los míos. Eran ojos que habían visto demasia
recerrando los ojos, observánd
ome derecha, obligándome a sos

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