img La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar  /  Capítulo 3 La farsa del destino y el primer encuentro | 27.27%
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Historia

Capítulo 3 La farsa del destino y el primer encuentro

Palabras:1292    |    Actualizado en: 28/04/2026

iudad, reemplazada por las colinas onduladas de Valdenia, un mar de viñedos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El sol de

trasero no era un gesto de cortesía; era una vigilancia. Quería asegurarse de que el producto que había comprado llegara sano y salvo a s

romper el silencio. Había estado dándole vueltas al contrato, al cheque, y sobre

táculo-. ¿Cómo logró que Damián firmara? No me parece un hombre que

sonido seco, metálico, que me recordó al choque de dos cuchillos.

que deje de intervenir en su vida. Ha rechazado a enfermeras, terapeutas, secretarias y contad

í el ceño-. ¿Cómo se la

ltimátum: o me deja entrar en el viñedo para supervisar sus gastos, o acepta a una esposa y yo me retiro de la gestión total de sus biene

ómago. La frialdad de su

casi en un susurro-. ¿Cómo convenció a un hom

ombros, restándole importanc

ucho antes del accidente. Le dije que habías estado esperando en las sombras, aguardando el momento adecuado para a

illación me golpeó con

ntiendo que la sangre me subía a la cara-. ¡Usted me ha c

quién eres. Él espera a una mujer que lo mire con lástima y devoción. Si

en el viñedo, recuperándose de las secuelas del accidente. Bruno siempre hablaba de él como si fuera un fantasma, una vergüenza familiar que prefería e

alicia, para evitar comparaciones. Pero eso no quitaba el hecho de que iba a entrar en la vi

do mis manos-. ¿Si se da cuenta de q

pida, ya lo demostraste con el pastel -d

viñedos centenarios que parecían custodiarla. Sin embargo, al acercarnos, pude ver la decadencia. Las paredes tenían grietas, la pintura de

rujió bajo los neumáticos. El silencio era absoluto, rot

denó el p

ra una marcha hacia el patíbulo. El señor Valdés caminó co

reunión de negocios en la ciudad. Ya sabes dónde está tu habitación. T

e segundos, me dejó sola frente a la puerta de madera tallada de la hac

a. Ante mí

e, con un suelo de baldosa fría y un olor a cera vieja, vino ra

ndo demasiado pequeña en aq

uz tenue que provenía de lo que parecía ser un estudio al final de

z de Damián retumbó, profunda, ronca y c

studio y la encontré entreab

a él. Dami

sobre una frente surcada por la tensión. Estaba de espaldas a la puerta, frente a un ventanal que daba a los viñedos, con una copa de vino en la ma

ruñido-. Si eres la enfermera de la agencia, dile a mi padre

tación, obligánd

e, tratando de sonar más v

lor avellana intenso, se clavaron en los míos. Eran ojos que habían visto demasia

recerrando los ojos, observánd

ome derecha, obligándome a sos

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