img La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar  /  Capítulo 5 El precio de la obstinación | 45.45%
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Historia

Capítulo 5 El precio de la obstinación

Palabras:1719    |    Actualizado en: 28/04/2026

bía sido una pesadilla de insomnio. El frío se filtraba por las rendijas de las ventanas y el olor a humedad era omnipresente. Pero no estaba allí para que

ine a un hogar. Estaba impecable, sin rastro de actividad reciente. Me puse el delantal y me puse manos a la obra. No preparé algo complejo, solo una sopa de ve

do cómo mi pulso se aceleraba con cada paso. ¿Qué me es

scuché un sonido metálico, como si estuviera

la madera, cargada de una hostilidad qu

urora. Tra

nte para que mis dudas regresaran. Luego, escuché un golpe

que no quiero ver

viñedos extendidos en el suelo, y Damián, sentado frente a un escritorio, con la sombra del atardecer cayendo sobre su

bajando a un susurro pelig

ocado desde que llegué -dije, caminando hac

ue pudiera dejar la bandeja, sus manos, rápidas y precisas a pesar de su estado, ag

e se esparció por la madera vieja del suelo, y los trozos de pan salieron volando hacia las

por un segundo. El coraz

voz apenas saliendo, pero firme-. ¿Dest

ojos clavados en los míos. Tení

uidados, ni tu presencia aquí -siseó-. No sé qué clase de ju

de servicio, entró apresurada, probablemente alertada por el estruendo. Se detuvo en seco al ver el de

... escuché

éndola antes de que Damián

n el dueño de la casa. Damián estaba demasiado ocu

toridad que me sorprendió incluso a

puerta tras ella. El silencio volvió a caer, más denso que nunca. Damián se r

ojos en mí con una frialdad que me estremeció-. ¿

manos en mi delantal. Lo mi

significa ser quien ponga orden

arcástica que hizo que sus hombros temblaran. S

de antes de que mi vida se fuera al infierno. Me dijo que te has estado escondiendo en las sombras, esperando el momento perfecto para abalanzarte sobre el pobre hombre lisiado que ahora soy. ¿Por qué estás así? ¿Por qué esta urgencia? Ah, ya

hacerme sentir pequeña, para recordarme que, según la narrativa de su padre, yo era una desesperada. Sabía que to

que ser esa mujer "enamorada" que él esperaba, porque era la única manera de mantener mi coartada si

en mis ojos, y luego volví a mirarlo-. Sí, he estado esperando. Y sí, estoy aquí

buscando una grieta en mi máscara. La tensión en

voz sonó un poco menos firme que

cia adelante-. Pero aquí estoy. Y no me voy

stre en el sue

que destruyas la casa, ni voy a permitir qu

urló de

hacer? ¿Me v

plan se formaba en mi ment

una ceja con incredulidad-. ¿Qu

prometo algo: no volveré a intervenir en tu vida privada. No me meteré en tus asuntos, no entraré en tu estudio sin avisar, y te dejaré el resto del d

ualquier rastro de burla en mi expresión, pero yo mant

e voz que mezclaba curiosidad y desprecio-. ¿Q

. Y al día siguiente. Y al día siguiente. No me voy a rendir. ¿Prefieres tener a una "acosadora"

na condición lo enfurecía, pero también parecía sopesar la alternativa. La idea de

casi para sí mismo-.

hombros-. Pero soy la loca que se ha in

nte, soltando un suspiro largo y c

ra batalla-. Trae la comida. Pero si intentas algo más, si intentas curar mi "alma" o darm

el alivio me recorría el cuerpo

girar la silla hacia el v

ir. No me gustaría que te resbalara

é la espalda contra la madera fría y cerré los ojos, exhalando el aire que no sabía que estab

medio de una guerra abierta, pero era algo. Damián Valdés era un muro de piedra, sí, pero a

yas. Mañana sería el verdadero desafío. Mañana tendría que volver a

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