img La Jaula de Cristal del Magnate  /  Capítulo 2 Seda y Desorientación | 3.28%
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Historia

Capítulo 2 Seda y Desorientación

Palabras:1513    |    Actualizado en: 05/05/2026

alquitrán. Valeria intentó aferrarse a la oscuridad, a ese vacío anestesiado donde no existía el fracaso ni el rostro de sus c

ue registró

sufrió un cortocircuito. Bajo ella no había piedra, ni metal, ni suciedad. Había una suavidad casi irreal. Movió los dedos, lentos y entumecidos, desliz

rza de un martillazo. El rastro del narcótico aún nadaba por

u lugar, la recibió una iluminación ambiental tenue y cálida, diseñada específicamente para no agredir las pu

gio de la arquitectura moderna, un espacio inmenso, pulcro y letalmente silencioso. No había cuadros en las paredes grises, ni objetos personales, ni rel

del moño tirante que siempre llevaba a los juzgados. Fue entonces, al bajar la mirada, cu

a no e

blanca abotonada hasta el cuello. Alguien la había desvestido. Ahora llevaba un camisón de seda plateada, de corte

r, cualquier señal de que el ultraje hubiera ido más allá de cambiarle la ropa. Estaba intacta. No había magulladuras nuevas, apar

ronca y extraña en la inmensidad de la habitación-.

d.* Pero el pánico era un lujo que no podía permitirse. Si Dante Voci la quería muerta, le habrían pegado un tiro en el B-3 y habrían disuelto su cuerpo en áci

tizada. Comenzó a caminar por la habitación, sus pasos insonorizados, escaneand

oche vacía, un armario integrado en la pared. Caminó hacia este último y lo abrió. Estaba lleno de ropa de su talla. Vestido

el muro. No había pomo, ni cerradura visible, ni panel numérico en el interior. Estaba sellada herméticamente. Golpeó la superficie

de la anomalía más perturbadora

oda la pared oeste de la inmensa habitación estaba form

ficie, sintió un frío industrial. Golpeó suavemente con el anillo que aún llevaba en el dedo índice. El sonido fue opac

ue la dejó sin aliento, sin

había caminos sinuosos de arena blanca, rastrillada en ondas perfectas que rodeaban rocas volcánicas oscuras. Un pequeño puente de madera rojiza cruzaba un estanque donde grandes peces koi, como manchas de oro y sang

gedora. Y era la metáfora más cruel

a, salpicada de pequeñas luces LED que simulaban estrellas. Era

, mundano. Él quería quebrarla de una manera mucho más profunda. Quería que se sintiera como uno de esos peces koi: nadando en la opulencia, creyendo que tení

ser

ó la vista hacia el perímetro superior de su habitación. Empezó a recorrer con la

eña cúpula negra, del tamaño de una moneda. En el centro de esa cúpula parpadeaba, con

ando. *Él* la

amenazaba con devorar el miedo. Dante Voci le había quitado su maletín, sus años de trabajo, su ropa y su libertad. Ahora mismo, seguramente la ciudad entera pensaba que estaba muerta o

al presente. No iba a llorar. No iba a gritar ni a golpear las paredes como un animal desquiciado, por

hacia la cámara. Se detuvo justo debajo, levantó el rostro hacia el parpadeo rojo y sostuvo la

ico durante lo que parecieron horas, negándo

lico rompió el sepulcral s

Los pestillos magnéticos de

a a abrirse lentamente hacia afuera, revelando la oscuridad de un pasillo al otro lado. Una sombra larg

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