s biselados y la caligrafía dorada que deletreaba el nombre Blackwood brillaban bajo la luz de los candelabros de cristal. Era un trozo de pape
zó las letras del patrocinador principal. Damian Blackwood. El hom
la tarde, y el silencio en su penthouse era absoluto, un marca
ompiendo el hechizo. Unos pasos pequeños y rápidos resonaro
Ma
da y feroz. Leo entró corriendo a la habitación, sosteniendo un pequeño avión de juguete en su mano regordeta.
aliento a Ivy. Eran de un gris tormenta, idéntico
do él se lanzó hacia ella. Enterró el rostro en el cuello de su hij
n corriendo por los pasillos? -p
ladeando la cabeza con curiosidad mientras miraba el portatrajes negro
sintiendo el peso de la responsabilidad anclándola a la realidad. No estaba haciendo esto solo por veng
camisa de su hijo-. Voy a una fiesta donde hay personas que
a. La niñera apareció en el umbral, disculpándose con la mirada. Ivy a
os Bienes Raíces estaba de vuelta. Tomó la invitación dorada, la partió por la mitad con un movimiento seco
caoba de la mansión Blackwood, el sonido del cristal
ajando erráticamente. Un vaso de whisky destrozado yacía sobre la alfombra persa,
eléfono parpadeaba
-. Lo he verificado tres veces con el notario de la ciudad. El Lote 5 se h
escritorio de roble, apretando los
. Eso es un cuarenta por ciento por encima del valor de mercado. Nadie en este estado ti
anjero. Se llaman Phoenix Estate. Nadie sabe quién es su CEO, todo se manejó a través de
omos de arquitectura de su escritorio, enviándolos al suelo-. ¡Encuentra quién dirige Phoenix Est
ia. Sentía que alguien lo estaba cazando. Trescientos diez millones no era una inversión, era una declaración de guerra.
bata de seda. Llevaba el cabello recogido en rulos y una másca
dos y el cristal roto-. Los maquilladores están a punto de llegar. Tienes que empezar a ves
angular de su futuro imperio, cientos de millones de dólares en proyecciones se habían esfum
u voz tensa, buscando en ella la misma chispa d
ndose el cinturón de l
mprar otro. Tienes mucho dinero, mi amor. No dejes que esto arruine nuestr
do. La observó como
n pedazo
Avanzó lentamente hacia ella,
uelo y tú me hacías tocar los mapas en relieve. Me leías los informes topográficos. ¿Recuerdas por qué
da revoloteó por la habitación, buscando una
Damian. Estaba estresada cuidándote. ¿A
-. Eran cuarenta metros de elevación sobre el
trocediendo un paso-. Damian, estás siendo irracio
o como una pequeña semilla en el hotel la noche anterior, acababa de echar raíces profundas en su mente. Cerró los ojos, recordando la voz suave y fi
las cámaras. Pero mañana, el mundo ardería hasta que encontrara a quien le había robado su imperio
la tarde, la transfor
ndo proyectaba una confianza absoluta, mientras que la tela se adhería a sus curvas antes de caer en una elegante cola que rozaba el suelo, recordando a la san
de lugar. Sus labios estaban pintados de un rojo carmesí oscuro, y en sus ore
con su esmoquin impecable, d
na reverencia-. Si las miradas mataran, esta
la vuelta. El movimiento hizo que la seda roja
strozó su estudio. Sabe que perdió el terreno ante Phoenix Estate, pero aún no sabe
a sonrisa letal, f
fantasma todo el día. Es hora de que e
queño y elegante bolso de mano negro. No
jo -informó Julian, abri
o estaba listo, los actores estaban en sus marcas, y el telón estaba a punto de levantarse. La esposa sustituta, la chica que lloró ba

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