img UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA  /  Capítulo 2 El Pacto Oscuro | 16.67%
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Historia

Capítulo 2 El Pacto Oscuro

Palabras:1774    |    Actualizado en: 24/05/2026

ÍTU

o. Desde entonces marcaba las once y veinte de la noche, y todo lo que hacía con los relojes posteriores -los relojes del cas

ual era poco para su nivel y bastante para el de la rubia que le pasaba la mano por el muslo cada vez que él

o whisky.

tr

, llev

vamos

a, s

rillo en una sala donde estaba prohibido fumar y nadie iba a

ia se

surró al oído, con el tono de qu

no la

N

¿por

dos meses contigo y todavía no te has

é re

no pr

abrió la pue

s porque eran las caras de los guardaespaldas de su abuelo desde que te

mo. Su abue

que estoy

a petició

la respue

ner que ins

do a montar en bici a los seis años. Tenía una cicatriz en la ceja que él se había hecho con

nta seria. ¿Cuánt

iciente

ho qué pasa

, s

ue te despida s

sas palab

más o

menos

nicero. Apartó la mano de la rubia

hacer que Ramón pierda el tra

ie tuviera que sostenerlo, porque Máximo Salvatierra llevaba cinco a

lla en la limusina

es

va a recibir ol

bien, no me habría hecho ven

alla,

oalla se quedó marrón. La dejó en el suelo

ión Salvatierra en

esperaba en

uesta era la sonrisa que Máximo le recordaba desde lo

, her

eja

qué te ha lla

N

sa

sé, Ale

n venir. Pasa. Está en el despacho. Te reco

del primer tramo con la espalda recta. Llegó arriba con la respi

medio fumar en el cenicero. Y una mirada que Máximo, durante un segundo entero, no supo si era de de

ént

ro esta

cho que t

sen

e has en

herm

estoy en el Royal. Luc

que tú mismo, Máximo.

para encender otro cigarrillo. Es

os a hablar no se habl

puro de su abuelo, lo cual era una falta de

veintioc

o

cinco

o

este último año. He pagado a una embajada para que no te aparezca una foto en una página de socie

ti

s vamos a pone

do ninguna sol

ías veintitrés años y te recog

quedó mu

co años. La tercera vez era ahora, y la usaba como las viejas pistolas que

sábado -dij

erd

s. La nieta de Rafael. La conoces de

s de

acerlo, hij

o. ¿Estás bien? ¿Te tomas tus pastillas?

uc

signif

mbio te entrego el Grupo Salvatierra. El día que nazca el niño. No antes. No menos. Te entrego setecientos millones de euros de empresa y te quito a Alejandro de e

No fue una risa

hijo a una parapléjica. Tampoco

ado. Lo de los hijos lo hablan los dos después. Tienen un año. Y un año, h

i me

año al hospital donde nadie te identifica para que tu nombre no aparezca en ningún registro de paciente. Y cancelo también la lista del taller donde se reparó el coche aquella noche. La list

no se

lada larga, despacio, como un hombre que

alda sin pedirte nada. Hoy te lo pid

ce

sa

de acuerdo. Te dije sí porque no

ejo c

lgo

l, sobrio, afeitado y vestido. Si bebes una sola gota antes del sí,

ten

Vete a

tenía la cabeza ya en otra cosa. En una carpeta. En un papel. En cualquier cosa que no f

bu

im

lla n

é no

ste? ¿Por qué pagaste todo eso? ¿P

a vieja. Esperada hacía cinco años. Mil veces ensa

nietos se les saca de las calles mojadas. Au

es una r

ica que t

mo s

a visto nunca pero cuyo apellido conocía como si fuera el suyo. Anabe

co

pe

ta el coxis. Una sospecha pequeña. Estúpida. Imposible. Una de esas sospechas que un ho

bidor sin pe

ro ya n

nde de la entrada reflejaba la escalera, Alejandro Salv

r el otro imperio del país. Acababa de darle a Máximo, en bandeja, el

o -murmuró al

espacio, son

setenta y ocho años. Y porque las bo

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