img Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.  /  Capítulo 10 El Peso De La Corona. | 58.82%
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Historia

Capítulo 10 El Peso De La Corona.

Palabras:1473    |    Actualizado en: 10/06/2026

omunicación mental con Safari. Dianco se quedó inmóvil, mirando el pesado sello real de oro

; que Safari no merecía su desprecio ni su frialdad

en las sombras y el caos de sus nuevos sentimientos

olpeando suavemente la madera noble

rrado ni un minuto más bajo ese te

nde las antorchas proyectaban sombras alargadas; sus pasos lo llevaron, ca

or, acero y tierra para s

sol incipiente. El general, al ver la figura imponente del Alfa,

alizando con ojo experto el rostro tenso y las ojeras de Dianco

moverme, el aire aquí dentro me asfixia -resp

pechoso capturado en la

profundo. Dice que el hombre tiene un entrenamiento militar evidente; no es un sim

a, sintiendo cómo la ira

la verdad, Otelo. ¿Qué sabes realmente de la Organización R

ensativo, mirando hacia el

mpo que sabe hablar, pero Orquíde

puertas, la que desarma a

dar al pueblo, sino infiltrarse en las altas

res más hermosas suelen escon

resonando con la extraña electricidad q

ó corriendo, jadeando por el e

sospechoso ha empezado a hablar bajo la presión de Kyle... dice que

o desaparecieron en un instante, reemplaz

as profundidades del castillo, don

azmorras, el ambi

n el sudor corriéndole por la frente debido al inme

vista y sonrió de forma

a, aunque le va quedar un poco grande -dijo el p

endo que su aura de Alfa inundara el pas

n rugido contenido que hizo vi

ue pasarás el resto de tus d

ca y miró a Dianco fijamente, co

bes en tu corazón. El hombre que pag

aban a cubrirla. Salió con prisa hacia el nivel superior y le ordenó a O

aber quiénes son sus contactos! Hagan lo que sea ne

ose al trabajo como si fuera la única forma

otro lado del continente, en las tierras áridas y sombr

rrera contra la muerte. Al llegar a la mansión fortificada

tanto en reportarte? Empezaba a creer q

s fronteras como si fuera una prisión, pero el objetiv

mergido en la incertidumbre y el caos. Qu

ino -replicó Valerius

es solo el primer paso de

ás rápido de lo esperado y parece ser má

ntes que él mismo -aseguró Valerius, con un brillo de soberbia en l

que el peso de sus palab

Dianco ya están

sos no emitían sonido alguno, como si fuer

sobre el hombro de su cómplice, sonriendo con u

su voz sonando como el roce de dos c

ero recuerda nuestro trato: quiero mi

dejé espías de mi absoluta confianza. Dianc

tro -sentenció Valerius, mir

tamos controlar las minas de Aethelga

es un gobernante errático y cruel, que pidan ayuda exter

is aliados comprados hace a

iento. Si el pueblo sufre culpará a Dia

nos estratégicos cuando el enlace mental volvió a vib

juegos. Mi vida cambió para siempre; ahora ten

a a cara. No, me has escuchado de verdad, solo has visto

ncio, cerrando los

nsamientos, recordándole una

e internamente entre el deber de un

así -insistió ella, rompiendo a llorar

con una frialdad que ocultaba su

reguntó Aurora con u

os-. ¡Te dije que más tarde! No avisaré, solo apareceré

aré despierta -murmuró

ón y sintiendo que, sin importar cuánto luchara,

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