élveme
stenía mi collar, pero ella la levant
alpicó por todas partes; no tuve tiempo de lamentar el estado d
último recuerd
orriente", dijo Bernice con desdén, disfrutando del espectáculo mientras yo yacía en el suel
ejó mi mamá! ¡No tiene
n más profunda me terminó por invadir. El
er débil, por ser inc
r de mi padre, sino que ahora también me impe
n sacudió el collar de perlas en el aire
caba una sonrisa burlona, clavando su mirada llena de rabia en la mía. La escena me recordó el día en
No dejes que la manada pase una vergüenza por tu culpa". T
una disculpa, pero al abrir la boca descubrí que me ha
desdicha siempre ensañaba con los desamparados y e
e ese lugar, me l
*
tanto esmero. Según los sirvientes más antiguos, la última vez que
que el destino les sonreía, pero el paso del tie
Quienes me pisoteaban no tendrían suerte para siempre,
peraría a que lle
r relucían con cera fresca. Los candelabros dorados y las velas de plata se entrelazaban con armonía, las cortinas d
miradas se clavaron en mí, llenas de asombro y desprecio. Estaban acostumbrados a ver cómo Berni
la. Miren cómo tiene la cara de ro
enza para el Alfa que su propia
y es un día muy importante. Deber
er mi reflejo desaliñado en el espejo, comprendí que no existía un
, y que me odiaban tanto como Bernice. Debí haber estado blindada
da de todos. Encogí los hombros y di la vuelta
mi padre resonó des
al instante a la multitud, que incl
la vista hacia él con una e
nredado, la ropa sucia y el rostro pálido y cubierto de marcas. Parpadeé con fu
lto a decepc
as tan tarde? ¿No entiendes que hoy es el día más importante para n
por mi propio padre ante todos los presen
nsciente para arrastrarme al bosque junto al lago. Que me había topado con un lobo enorme y estuve a punto de morir
importaba; tenía una nueva hi
erfecta. Todas las miradas se desviaron hacia él. Lucía impecable y
ía de celebración para todos. He traído algu
y vino sobre la mesa comunal. El ambiente se inundó de inmediato con el aroma de un licor
propia bebida, y cada territorio tenía sus propias preferencias, pe
a el vino, mayor era el estat
a una palmada afectuosa en el hombro. Luego me miró a mí, que permanecía paralizada a un lado, y
o que me asfixiaba la gar
a mí con una sonrisa burlona y susurró: "Espero
su mirada me h
a vista al frente fingiendo d
, t
llamé a la pue
o a la ventana. Una criada le peinaba la cabellera, y ante ella se desplegaban joyeros
r a ayudarte". Hice esf
nice en voz aguda, mirándome de reojo. Parecía haber olvidado por completo qu
ía que no me había llamado para facilitarme las cosa
me mis nuevos tacones hechos a medida". Apoyó los pies sobre la alfombra de

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