ueta de la ciudad, las luces de Manhatt
se subastaban las piezas m
umbral, todas las miradas de la sala s
haite, una edición limitada, y unos pendientes de diamantes que centelleab
envidiosas, Hayleigh se pavoneó
a llevado a un evento público, la
era la había llevado a un evento como este. Ese pensamiento alimentó su arroganc
sala, pero él avanzó con la vista fija al fre
ero cuando se sentaron, los ojos de Damian se clavaron en el asiento directamente frente
migo íntimo y dueño de la casa de subasta
íbula, como el de un príncipe salido de una novela gráfica, con un aire perezoso e indomable. Mientras que Da
éeme, me encantaría decírtelo. Mi viejo lo arregló
ido en los ojos. El invitado más ilustre. Entonce
Qué titán de Wall Street habí
uriosidad por el misterios
opelo de la sala de subastas
el más exclusivo de to
primer lote fue presentado por un eq
venido por una sola co
elta figura entró por la puerta
e habían gustado los lugares concurridos, pero
la sala. Era imposible apartar la vista de su rost
familias de Manhattan estaban aquí. Había algo más en ese diamante
clavículas, su piel pálida y suave como la nieve. Rara vez usaba vestidos, porque él siempre había sabido lo deslumbrante que se veía con ellos, c
uando vio a Gabriella. No se rendía, ¿verdad? ¿Los h
e ha superado. ¿Por qué otra razón nos seg
linó en el asiento con postura perezosa y arrogante;
de lugar al que cual
le vino a la mente, y una ira candente le quemó el pecho. Se hab
ra miró en dirección a Damian. Caminó directamente h
le contrajeron
e de toda la casa de s
su mirada oscura era profunda e indescifrable, y la
mente dándole vueltas. Ella era la
ía estado ocultand
ella, sabía todo sobre su matrimonio y su reciente divorcio,
prendido en l
e mujer como de camisa, y ninguna le duraba más de tres meses. Casi había pe
visto tan radiante, tan de
nte que todos decían que era. De repente, se sintió i
ió el silencio. "Gabriella. ¿Acas

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