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que Camila sentía golpear directamente en su caja torácica. Pero lo que más la asfixiaba no era el ambiente, sino
haremos hoy, el negocio de la familia por fin va a salir a flote -insi
y una ingenuidad que pronto le cos
e verdad, creo que es mejor que me va
ada y apretándole el hombro con una fuerza excesiva-. Hoy tienes que ser una buena sobrin
, la hizo ceder. Camila aceptó el vaso y le dio un trago largo
s antes de que el mundo e
se amortiguó, como si estuviera bajo el agua, y sus piernas comenzaron a se
uy mal -alcanzó a balbucear, afer
onde puedas descansar -escuchó la voz de Mauricio
n automóvil cerrándose y, finalmente, el eco de unos pasos en el pasillo alfombrado de un hotel de un lujo descomunal. No podía mo
ueda saldada, ¿verdad? -la voz de su tío res
espondió
bsoluta que hizo que incluso la neblina de la droga en el cer
uerta cerrándose. Se ha
iltraba a través de un inmenso ventanal, proyectando la silueta de un hombre alt
do caer, pero solo logró emitir un gemido ahogado. Las lágrimas,
e unos ojos que, en la penumbra, parecían de un gris metálico y tormentoso. El aroma que lo envolvía -sánd
ntró fue una desconcertante mezcla de posesividad y una extraña urgencia. E
voz grave que le erizó la piel-. Fuiste t
en una inconsciencia parcial, convirtiendo el resto de la noche en un torbellino de sensa
és, antes d
y el cuerpo dolorido. Abrió los ojos lentamente. La habitación seguía en penumbras, ilumi
ldas, mostrando una musculatura imponente y una c
izó fuera de la cama con el mayor cuidado posible. Recogió su vestido rasgado del s
detenerla. Desesperada, miró la pequeña ventana de ventilación del baño que daba hacia una terraza interna del edificio. Con esfuerzo, trepó por el lava
bía cambiado para siempre. Tampoco sabía que en su vie

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