img LA ELEGIDA DEL CEO  /  Capítulo 2 | 1.92%
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Historia

Capítulo 2

Palabras:1166    |    Actualizado en: 20/06/2026

ento acústico del bar vacío, hasta empujar la puerta metálica de la cocina. Allí, el olor a perfume caro daba paso al

n el dorso de la mano. Su cansancio era diferente al mío ;

el fajo de billetes de la bata y extendiéndol

era una brasa encendida. Dio un p

edo aceptarlo, Mad.

inoxidable. - Eres la que más trabaja en esta casa y la que menos gana. Soy l

n firmeza en el delantal gastado, con los ojos brillando de

Juli. Siento que he perdido el control. ¿Cuán

gas. - Y voy a decirte algo : desde el día en que cruzaste esa puerta,

l pecho. Me acerqué y la envolví en un abrazo f

osa verdaderamente real

o cuando se apartó, sus ojos re

y tienes una pequeña fortuna ahorrada, sé que la tienes. ¿Por qué no r

aldosas blancas. La pregunta dolía p

gar donde, irónicamente, siento que tengo algún

na mezcla de l

lquiera para poder salir de aquí, pero no logran ahorrar ni un centavo. Se g

e todo. No consigue aceptar las reglas del juego. Cree que el mundo le debe algo y de

puedo permitírmelo, querida.

ntes de mirar hacia atrás. Cíntia estaba apoyada en el marco, con los brazos cruzados s

de esa chica para detectar cualquier conversación que

voz alta, levantándome lentamente y clavando mis ojos en los de

n paso al frente, el rostro tenso

o científico. Eres más baja que la media, ese cabello negro tuyo parece que nunca ha visto

a intervino desde el fregadero, con un

lo más expresivo y hermoso de

blar con la servidumbre, vie

rápidos, reduciendo la distancia entre nosotras hasta q

ezo todas las noches para que uno de esos ricos idiotas a los que atiendes se enamore de tu actuación, le pague a Marta la cláusula d

labios tembló. Se acomodó un mechón de su cabello rubio

ayor deseo. Que un millonario me saque de este infierno. Y la mejor pa

guiñándole un ojo c

cocinera, suaviz

mpiece la subasta. Si pasa algo, cambia mis planes y llámame. Bueno... a menos que

entras pasaba a su lado. Subí los escalones de madera hacia el segundo pi

eprimente », pero que para mí era el único lugar que no me cegaba con luces artificiales. L

de la profesión : el mundo exterior creía que aquellos hombres de negocios eran depredadores dominantes, pero la verdad que escondía la madera de aquella cómoda e

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