xa
avanzar a una trampa conocida. Ese espacio habí
o, arte seleccionado por su mejor curador. Ventanales que enmarcaban Milán como si la ciudad le perteneciera, mobi
stía para un prop
as de sí, me sonri
un whisky del decantador de cristal-. Casi
anos vacías entrelacé pa
ientras hacía girar el líquido ámbar en su vas
les -mantuve el mentón al
ción se diluía. Se giró y me estudió con esa sonrisa calc
-dio un paso hacia mí-. ¿El que te
ra -respondí, y me sent
emanando de su cuerpo chocó contra mí y con
stro-, tu única labor es ser el trofeo perfecto. La
separó antes de apoderarse de ellos con una pericia que me dejó sin a
démico que impresionaría a mi padre y la belleza que envi
ndo el apellido Di Marco representaba todo lo que ambici
nvenciones -logré articular-
nillo con el escudo familiar en su dedo-. Después de todos estos años, sigues cre
contra el borde, estudiándome con esa mira
rciopelada pero firme-. Me expusiste. Me debilit
var el proyect
te? -negó con la cabeza-. Hay cincuenta formas d
emás, ... -Insistí, pero antes de continuar vi el momento exac
l. No convertirte en l
me atrajo hacia él para
a darle a esa boca un mejor uso -mur
esta vez, algo me ardía por dentro. Una rabia ásper
salió antes de
rpadeó antes
isc
ba-. Tengo que representar a Domus en menos de una hora. No
o su mano se cerró alrededor de
ariencias? Creo que no enti
o todo más perturbador al inmovilizarme con su cuerpo, sin esfuerzo Mi mejilla se posó contra la
or favor. La
sentí su aliento con
u mano en mi nuca ejerció un
-Fue mi últ
que es un Di Marco -respondió con
nte traicionera recordó aquella noche en Portofino, sus manos gentiles guiándome por la terraza iluminada, susurrando al oído
la blusa, recompuse mi peinado y caminé al baño. Valentino se acomodó la ropa con e
esos inversores. -Demuestra tu valía -sol
detuvo cuando g
ado la sonrisa que me convenc
deslumbrar a toda la junta. Incluso ganarte la aprobación de mi padre. Pero al final
mirada. Aprendí hace tiempo que en Domus, las herida
da repentina me dobló. No llegué a vomitar, pero el sabor amargo de
l fin le dio voz a mis pensamientos: mi valor siempre
control. Salí de Domus con la espalda recta y la mirada al frente. El Centro de Convenciones me esperaba; un lug
es sólidas, personas que pudieran respaldarme como profesional cuando al fin e
ello plateado del otro vehículo antes del impacto. El chirrido de neumáticos, ecálido deslizándose por mi sien. Con dedos
Me oye? -la voz de L
lpeaba la
jo a un solo punto cuando mis ojos se en
ar con la única variable que jamás contemplé y

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