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Historia

Capítulo 6 No digas su nombre

Palabras:1055    |    Actualizado en: 20/06/2026

xa

uigi detuvo la camioneta. Su rostro reflejaba esa preocupac

er -dijo, abrié

aca y harina que siempre la acompañaba, y por primera vez

lda mientras me guiaba hacia

ban un cáli

ras cerraba con llave y señaló la barra donde un p

ió. Sus dedos rozaron ligeramente mi cuello,

sta vez? -pregu

muró algo sobre revisar la coci

aer en el

sin mirar el plato-. Ales

nmóvil, procesan

emí cuando dijiste lo de

ismo sellé una colaboración. -Mi voz se quebró-.

y me tomó la cara entre las manos-. Est

ajando en ello. Per

s enfrentado cuando

Qué podía hacer? Me min

a cada detalle de aquella mentira que me

pió nuestra conversación. Andrea entró co

n su uniforme arrugado y esa sonrisa que me

gunté, acariciando su cabello y recibi

erebro en ciencias. Es como una

espondió Lucía, levant

arme con el tirami

-dijo mi amiga, pero Andr

ayudarme -gritó Paolo desde la coci

algo a Paolo, quien escuchaba con genuino interés. Por un buen rato

le mal, lo que sea, promete que vendrás conmi

un movimiento en falso, Vale

le y Andrea salió de la cocina arrastrando los pies y me miró co

ne prisa

osa. Valentino estaba

erar cinco minu

e mí con mi bolso y la bufanda

lla con expresi

Moretti es en u

lado asomándose curioso. La humillación me quemó las mejillas, pero A

cesaria sin mirarlo y el chirrido de lo

ue escuchaba en sus auriculares enormes, ajeno y feliz en su burbuja,

uces del tablero con cada toque. Había estado inusualmente callado desde que salimos de ca

al que apenas disipó su desprecio tan familiar-. La familia de Lucía te

la, mirando al fr

mucho. Me dieron trabajo

n restaurante tan prestigioso como La Dolce Vita -r

en una simple transacción. Me recosté contra el respaldo, esa d

onstante y la música que se colaba apagada desde los auriculares de Andrea

i con desgano-. Según él, encontr

rajo, pero mantuve

a posi

. Lo cual es curioso, considerando el

y haciendo

querida -murmuró, dejando caer una mano sobre mi rodill

se detuvo en un semáforo. Francesco querría detalles. El consejo tam

fin, en un susur

os, impacientes. Yo me quedé inmóvil, esperando ese momento inevitable en que su mente conecta

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