ovimiento de los empleados y el murmullo de los teléfonos ejecutivos creaban una sinfonía de productividad que usualmente solía calmar a A
ño de la campaña de comunicación para los nuevos fondos de inversión, pero sus dedos, congelados sobre el teclado de la computadora, se negaban a responder con la agilidad de siempre. El fantasma
rengo impecable, con la corbata perfectamente ajustada al cuello, como si la noche anterior no hubiera sido más que un trámite
, deteniéndose frente al escritorio de caoba de ella-. He tomado una dec
o se le aceleró al notar cómo los ojos grises de Damian la recorrían con una de
ndió ella, forzando un
el CEO, cruzando los brazos con superioridad-. Inicialmente se había considerado el piso cincuenta, pero la proximidad con la presidencia acelerará la firma de los con
smas miradas a puerta cerrada durante diez horas al día. Miró a Garrison, buscando algún rastro de sospecha en su rostro, pero el ego colosal de su esposo solo reflejaba u
equipo de desarrollo, Garrison? -intentó objetar Alana, midiendo cada
nte, acortando la distancia con el escritorio. Una sonrisa perezos
hermano. La proximidad es... vital para los negocios que planeo desarrollar aquí. No te preocupes por el espacio operativo; me adapto con facilidad cuando el o
un chispazo ardiente recorrerle el vientre. Garrison, ajeno a la cor
Damian. Alana, asegúrate de pasarle los reportes de prensa an
o marcial, dejando tras de sí un silencio que de inm
contrario, rodeó el mueble con lentitud felina hasta quedar a escasos centímetros de ella. El aroma a
a ella, sus ojos grises fijos en los labios de Alana-. Parece que el desti
ella en un murmullo, retrocediendo hasta que su espalda chocó con
dos contra la seda de la blusa de ella, justo sobre el pecho, sintiendo el latido desbocado de su corazón-. Tiemblas cada vez que me acerco. Puedes
suspiro ahogado que Damian interpretó como una invitación silenciosa ante
pasillos del piso cincuenta y cuatro. El corredor, decorado con obras de arte modern
, la puerta de la oficina de Damian se abrió. Él salió sin chaqueta, con las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los antebr
erse para no chocar directamente contra su pecho. Al pasar a su lado, su hombro rozó el de ella con una firmeza deliberada. Fue un contacto breve, pero tan cargado de magnetismo c
a risa baja y ronca que resonó en el pasillo vacío-. S
seo. Se giró para verlo entrar al ascensor, notando cómo él la observaba a través de las p
a del piso de ejecutivos para buscar un vaso de agua. Al entrar a la pequeña estancia de mármol y a
alir, pero el sonido de sus
-dijo él, enderezando el cuer
an -respondió ella, manten
congeló en el lugar, incapaz de mover los pies debido a la fuerza de gravedad que él ejercía sobre su voluntad-. Trabaj
-declaró ella, intentando infundir firmeza en s
ontra la pared adyacente a la puerta. Su cuerpo masivo y caliente bloqueó cualquier vía de escape. Colocó una mano a un lado de la cabeza
y tabaco fino le rozó los labios-. Un error es equivocarse de contrato, Alana. Lo que pasó
dor que la hizo soltar un gemido ahogado. La tensión erótica en esa pequeña habitación llegó a un punto de no retorno. Alana sentía el peligro real de ser descubiertos, l
-alcanzó a mentir ella, con el coraz
do profundamente. Lenta, muy lentamente, liberó su muñeca, pero antes de apartarse por completo, inclinó la cabeza y dej
él al oído de ella, antes de tomar su ta
el calor del beso de Damian quemándole la piel a través del corrector de maquillaje. La guerra fría en el Consorcio Sterling había comenzado, y e

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