img Anastasia: El Renacer de un Corazón  /  Capítulo 3 Duele mucho... | 6.67%
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Historia

Capítulo 3 Duele mucho...

Palabras:1178    |    Actualizado en: 06/07/2026

n

No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero el recuerdo de la última vez que miré por la vent

s... nuestras risas compartidas... nuestros sueños futuros... la ilusión del banquete de bodas... ¡Qué ciega fui! Nunca vi la falsedad tras su máscara de amor. Recuerdo una

puerta de mi habit

yo, papá.

no quería ver a nadie, no quería soportar sus miradas llenas de lástima.

ara desayunar. Sabes que te quiero mucho, y me duele verte así. Pero en este mome

na de dolor, y se retiró lenta

alabra. Mi padre salió de la habitación, dejándome a so

untó con dulzura, acariciando

otaron de mis o

uré entre sollozo

y la mente parecen hablar idiomas diferentes, como si fueran enemigos en lugar de compañeros. Sin embargo, con el paso de lo

eso? -le pregunté, e

por lo que dirán los demás, por sus opiniones y sentimientos, y decides escuchar tu propia voz. Un recuerdo fugaz de haber

el camino hacia el autodescubrimiento, nos ayuda a rompernos y reconstruirnos con mayor fortaleza. El amor siempre nos suma, nos impulsa a crecer y nos lleva a lugare

errames más lágrimas por alguien que no supo valorarte y solo jugó contigo, que no vio la mara

iste que lo amabas? Tus sabias palabras resuenan en mi me

abuela nos concertó una cita a ciegas, y yo estaba molesta por la situación. Pero luego, nos dimos la oportunidad de conocernos realmente, y entonces descubrí lo que se escondía detrás de esa fach

na cita a ciegas con el hijo de uno de sus socios. Ese joven de veintidós años, con sueños de convertirse en abogado, terminó sien

-pregunté, contagiada por la enorme

stedes, mis seres maravillosos, mi motor para seguir adelante y darles lo mejor de mí. No me arrepiento de nada. Pude haber sido una gran empr

amilia te ama incondicionalmente. Nunca te dejaremos caer, pase lo que pase. Siempr

ilo de voz-. Gracias por estas hermo

tu presente, en lo que esperas de tu futuro -dijo con sabiduría-. Eres

a bandeja con una sonrisa-. Después te das un baño relajante y te arreglas. Hay que levanta

las lágrimas que surcaban mis mejillas. Con la suavidad de sus dedos, arregló mi cabello, evocando recuerdos de mi infancia y brindándome un consuelo inigualable. En ese gesto ma

vesuras, y sus abrazos. El sonido agudo de su risa mientras construíamos castillos de arena en el jardín resonó brevemente en mi

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