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Historia

Capítulo 7 Aglaura y la envidia

Palabras:1581    |    Actualizado en: 26/06/2021

os campos de Múniquia, ciudad famosa por su Puerto y por se

a diosa de la virginidad, y cundian las vírgenes en la ciudadela. So

es No volaba ya: era un ave de rapiña como a la espera impaciente de que termine el

traza una línea y regresa y se suspende y vue

a sabe que brilla más que las otras estrellas y

era

las otras vírgenes andaba adornada entre las otras

un proyectil de catapulta: una vez que el aire encuent

r Cómo deben pensar los dioses, o mejor: pie

lado: el lado del oro, y busca qué lavara de su mano derecha deje de producir sueño; lo cual es la mayor de sus fun

enes, en la parte de atrás había tres

la derecha; Aglaura, a la iz

e Aglaura, quien tuvo el valor o las ganas d

a decirlo, por mi padre Zeus. No te mentiré; no quiero contigo, quiero con tu hermana Herse: ¿Qué más quieres que ser tía de tus sobrin

ecreto de la rubia Minerva. Decide prestarle a Hermes dan servic

s amigos; por la rabia, la respiración se le agita tanto que se le sa

s cuando vio al hijo de vulcano, dios de Lemnos, naci

drá todo el agradecimiento no sólo de Hermes, también

odrida. Está metida en el fondo de un valle, allí no llega el sol, por ella no pasan los vientos,

nta Entonces por qué el fuego nunca se ha asomado por

más dura que el varón para

ue no puede

es con la pun

dia en pleno almuerzo: su alimento favorito son

e la diosa que la busca, la envidia gime mientras su cara se le contrae. La palidez le cubre todos los rasgos; tiene el cuerpo macilento, no puede mirar d

padecer. No tiene el don del sueño pues no pa

los triunfos de la gente y busca consumirlos, y en la

r su odio y le dice con l

s a una de las hijas d

tocando la tierra con su

ada torva a la diosa que hu

ito Que ella mism

s a su paso, y a su paso despedaza las flores de los campos, Quéma la hierba descabeza las amapolas.

verdece la gente con talento. Hay riqueza y uno se acue

ncuentra en lo que ve motivo de llanto. Apenas se distra

ella toca el pecho de Aglaura y el corazón de

a cunde por los huesos de Aglaura. Sus pulmones se

tral del sufrimiento: a

con un Dios. Y la envidia agranda la hermosura del Dios porque una especia

ue ve: ha llegado el dolor de sus entrañas y el corazón quiere mord

uno piensa en como el hielo herido se de

rzales hasta consumirlo sin que las llamas se hagan visibles,

to a mi hermana y a su novio

iarlos con el padre de ambas como

llama decidir, sentarse a la puert

ruegos, diferencias y suaves pal

ura es in

s tu de aquí, y

rápido y al

, si no te quitas tu de tus

, su vara mágica hacia la p

mes pero su cuerpo ya no es su cuerpo, s

montable con

s de sus rodillas ya están rígidos, el frío es lo único que llega a l

, que se extiende de las partes enfermas a

en el pecho de Aglaura. Y le cierra la

hablar, de intentarlo

a es cuidad

mosa de mat

e ella, exactamente sino una obra de piedra con

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