os míos; eran dos pozos de obsidiana que parecían leer cada uno de mis pecados. Sin decir una palabra, me tendió la mano. El
e ritmos electrónicos y latidos de corazón. Él bailaba con una elegancia dep
Mariposa -susurró cerca de mi oído, su ali
ndí, usando el primer apodo que me vino a la mente
mi espalda, reclamando territorio en el vestido rojo que apenas me cubría. Estábamos en nuestra propia burbuj
oscuro. Eran los guardias de los Al-Fayed. Habían despertado a Malika o habían rastr
no me solté de él. Al contrario,
-dije, mirando por
te sin mí -sentenció el
Corrimos por el callejón, el agua chapoteando bajo nuestros pies y el sonido de nuestras risas nerviosas mezclándose con el trueno. Cruzamos
o una segunda capa y el agua corría por el rostro perfectamente escu
ariposa -dijo, acortando l
alado la mía,
. En ese callejón oscuro, rodeada de sombras y peligro, me entregué a un extraño cuyo nombre no sabía, pero cuyo toque me hacía sentir más reina que

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