dejado en mi piel todavía se sentía como una marca invisible, un secreto tatuado en mi alma. Caminé rápido, casi corriendo, esquivando los charcos que reflejaban las luces de neón que empezaban a ap
e mi parte. Un frenazo seco de neumáticos sobre el pavimento mojado me hizo saltar. Dos c
o ha terminado -dijo una
é un brazo, pero la fuerza bruta me venció en segundos. Me levantaron en vilo, mis pies colgando en el aire mientras me arrojab
, el ambiente estaba cargado de una furia que podía cortarse con un cuchillo. Malika estaba de pie en
entrar escoltada-. ¡Me drogaste! ¡Te atreviste a poner t
ener la barbilla en alto a pesar de que mis piernas temb
me giró la cara y me dejó un pitido sordo en el oído. Me obligó a arrodil
hora debo limpiar. ¿Crees que eres especial? Solo eres el pago de una deuda. Y por tu insol
o rojo, esa última reliquia de mi libertad, y lo arrojaron a la basura como si fuera basura infectada. Me obligaron a entrar en una bañera con agua c
atina -gritaba Malika desde la puerta-. No permitiré que
ando la calidez del hotel para no sucumbir al frío del agua. Cada vez que cerraba
que ocultaba cada curva de mi cuerpo. Malika cronometraba cada movimiento con una impaciencia c
El jet está listo en Teterboro. No pasará
sar anteojos oscuros para ocultar mis ojos inflamados por el cansancio. Me sentía como una muerta viviente sie
en sin dejar rastro si no aprenden a cerrar la boca. El Sultán no tolera la rebeldía. Tu esposo está en un estado que no le permite defenderte
tro de espacio personal. Bajamos al garaje, donde el motor de la camioneta ya rugía, lista para llevarm
e había tenido en sus brazos ahora volaba hacia el corazón de un desierto que pretendía devorarla. Me llevaban al
se mi cuerpo, podían casarme con un fantasma y podían cubrirme de seda negra, pero jamás, jamás lograrían apagar el fuego que el Lo

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