img Reina de garras y sombras  /  Capítulo 2 Cadenas de seda y cristal | 16.67%
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Historia

Capítulo 2 Cadenas de seda y cristal

Palabras:1341    |    Actualizado en: 19/08/2026

a apenas unas horas, Elena sentía el hedor a sangre de un renegado bajo sus botas; ahora, el aroma dominan

tado con una precisión casi quirúrgica. El tejido se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, diseñado no para halagar su figura, sino para mostr

miembros del consejo y Alfas menores conversaban entre risas contenidas. Todos vestían trajes a medida que ocultaban la naturaleza salva

quieres masacrar a todos en esta habitación

es de que la voz resonara: amaderado, frío, c

a una belleza fría, simétrica, casi aristocrática, empañada solo por unos ojos grises que carecían por completo de calidez humana. Él era el gobernante i

ian -respondió Elena en un tono suave, manteniendo la mi

copa-. Y es el precio por mantener a tu gente a salvo en los barrios bajos. A

e tensó imperceptiblemente. La

sorbió las pérdidas financieras del clan caído y convirtió a Elena en su deudora personal. Una cifra astronómica en dólares, astronómicam

primera hora -dijo Elena, manteniendo

ozara, invadiendo su espacio personal con una dominación calculada-. La principal ganancia para mí es tu presencia. Un recordatorio co

l. A Elena se le erizó la piel por el asco, pero obligó a su cuerpo a mantenerse inmóvil. En su interior, su loba interna rascaba co

spacio. Mantén la presencia baja. Eres una beta in

lejón, Lucian no tardaría ni un segundo en encerrarla en los laboratorios del sótano. Él no buscaba una igual; bus

a consejera Ross, de seguridad territorial. Todos ellos creen que la fuerza reside en el número de garras que puedes desplegar en el bosqu

agmática -lo corrigió ella, mi

a carente de emoción que

e ti. Pero no tenses demasiado la cuerda, Elena. Sé que has estado visita

tro no mostró la menor alteración. Mantuvo la

ie para trabajar en tus fábricas secundarias -repuso ella con frialdad-

o. Si descubro que usas esos viajes para algo más que caridad... si descubro que estás intentando reunir a los remanentes de tu gente, no

a provocación vacía; Lucian había construido su imperi

a con copas de champán. Lucian tomó una y se la ofreció a Elena, mirándola con

lado en el callejón cruzó por su mente. Aquel monstruo había sentido el verdadero peso de lo que ella era, el poder ancestral de una rein

ena que no reflejaba el fuego de

oración Thorne -dijo Ele

ión -respondió Lucian, choc

tencia. Elena bebió un sorbo del líquido burbujeante, sintiendo la mirada de

o. Elena desempeñó su papel a la perfección: sonrió en los momentos adecuados, permaneció en silencio cuando

e Lucian, cada amenaza velada y cada mirada condescendiente de la élite de la ciu

edes de esa jaula ya comenzaban a agrietarse, y que cuando finalmente se rompieran, la

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