img CEO lascivo no te pertenezco: perder para amar  /  Capítulo 5 No me iré señor | 50.00%
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Historia

Capítulo 5 No me iré señor

Palabras:1178    |    Actualizado en: 20/08/2026

pando su espacio más privado, su furor se mezcló con un deseo difícil de explicar, una chispa eléctrica que recorrió su columna vertebral y lo puso a la defensiva.

a resonó en la sala como un trueno, gol

o de nerviosismo puro. La presencia de Domenic es abrumadora; el penthouse, que

espondió Gema, bajando la mirada. No fue capaz de sostenerle el contacto visual; la mirada de

vete -sentenció él,

a su familia en la calle, fue más fuerte que su vergüenza. Vio cómo Domenic se quitaba el saco con un movimiento b

do de que su voz sonara firme, aunqu

entamente para volver a mirarla, arqueando

es con quién e

Se obligó a enderezar la espalda-. Pero no me iré. Sé que u

ardo envenenado. Gema respiró profundo, sintiendo el ardor de las lágrimas picando en sus ojos. Él sí que sabía cómo hacer sentir mal a las personas, cómo desn

la mesa para cenar. Gema se quedó allí, paralizada. La desesperación la empujó a

l... -procedió

nto. El término "Amo" sonó en los labios de Gema con u

ika traerá zapatos adecuados para mí. Intento hacer lo mejor posible y sé... es notable que desd

ta con arrogancia y comenzó a servirse un poco de la ensalada. El silencio de su jefe se extendió por el comedor como una sen

garganta que apenas la dejaba respirar-. Discúlp

s lágrimas amenazaban con desbordarse, nublándole la vista. Mientras tanto, Domenic, manteniendo su máscara de indiferencia, cortó un trozo

ía probado una carne tan jugosa, con una salsa que equilibraba lo dulce y lo ácido de una forma maestra. Masticó suavemente, cerrando l

on una determinación

a temblar de nuevo. No sabía si girarse o si

Domenic, sin dejar de mirar su plato, aunque

de una lágrima con el dorso de la mano. Lo miró directamente a esos ojos

ó, haciendo una mini reverencia que acent

e nacido en la cima del mundo. Cada movimiento de

o -ordenó s

n sus pulmones. Se sentó en la orilla de la cama, llevándose las manos a la cara. ¿Qué tenía ese hombre? Más allá de su guapura innegable

gundo y la imagen de Gema lo asaltó sin piedad: su mirada color ámbar cargada de una honestidad que él no sabía manejar, aquel lunar en sus

inmediata. ¿Cómo podía sentirse así por alguien tan insignificante? Soltó los cubiertos con fuerza, haciendo que el metal resonara contra la porcelana del plato. Se puso de pie bruscamente

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