img La novia mimada del rey licántropo  /  Capítulo 6 | 2.86%
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Historia

Capítulo 6

Palabras:1077    |    Actualizado en: Hoy, a las 10:16

punto d

caba, y hierbas raras y pergaminos an

rio, pero mi mano se movió hacia e

confirmando que mi puerta trasera al si

st

era

í a prestar aten

precedentes nuestro último artículo de la noche: "¡

iopelo rojo, sobre la que yacía un enorme colmillo

e madera oscura, pulidas hasta cap

a se quedó

dos los Alfas de la

ración de feromonas en el a

La leyenda dice que quien lo lleve recibirá la protección de la Diosa Luna, fortalecerá su vínculo

mil dólares, y el precio emp

ciento

entos ci

un mi

manadas más important

sino también un símbo

, Eleanor, asintió. Estaba claro que la Man

illón dosc

nes de dólares, y solo la Manada Sny

punto de bajar el mazo, una voz pr

illones"

había levantado la paleta, sino que solo dij

ó sobre la sala, y todos

l valor real del amuleto, y era una

y quiso volver a pujar, pero la Luna Eleanor lo retu

astador tembla

a pujar, golpeó el mazo y gritó: "¡Cinco mi

esa VIP, y el hombre ni siquiera lo miró, como si fue

ja al hombre que estaba a su lado,

amuleto y se lo guardó en el b

o millones en algo que ni siqui

cabeza, porque no imp

y la multitud empezó a moverse y a mezclar

ar una zona menos concurrida y prepa

cuando una figura familiar y rep

contenida, "¿qué demonios haces aquí? Cre

a mirada posesiva, como si yo s

yo, señor Snyder", respondí con

olvides que sigues siendo mi prometida! Aparecer aquí sin avisar

imó la muñeca, y yo intenté qu

ordené con

misma voz persuasiva que solía emplear. "Sé que sigues enfadada conmigo,

do lo que había pasado, después de la foto, después del mensajit

ngre el descaro

a y fría, mirándolo con expresión

como así? ¿Crees que algún Alfa te aceptará ahora? Eres una Omega deshonrada. La Manada Garner no quiere saber nada de

bajo las sonrisas: no me veía como una compañera, sino c

e nosotros. Luego sonreí, una sonrisa fría y cortante que lo hizo par

uté. Solo lo miré fijamente, porque sabía que no s

ía atrás, con el rostro contorsionad

n fuerza, y él parpadeó, atónito

erse, una presencia fría presionó el espacio que

, con el rostro pálido, y

irada dorada en mi espalda y lo comprendí:

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