horne hubiera descubierto quién era detrás de esa mascarilla gris, Chloe sintió que la noche pasó volando. Pero el dolor de cabeza no
ese, las miradas y los chismes volaban rápido. Si quería sobrevivir a su doble vida, tenía que pasar completamente desapercibida. Nadie en
e necesitaba, y una blusa de manga larga color crema, holgada y abotonada hasta el cuello. Para rematar, recogió su cabello castaño en un moño apretado y bajo, y se colocó unos lentes d
tíbulo era un hervidero de empleados caminando a toda prisa, vestidos con trajes impecables y sosteniendo vasos de café caro.
encia. Al salir, una mujer de unos treinta y cinco años, vestida con un traje sas
riba abajo con una ceja levantada, deteniéndose un
bueno
saludos amables-. Camina conmigo. Te voy a explicar cómo funcionan las cosas aquí antes de qu
l costado y siguió a Marta por
la correspondencia inicial, coordinar los archivos de la junta directiva y asegurarte de que el café del señor Thor
hloe, tomando nota me
e madera oscura ubicado justo al lado de
hay espacio para equivocaciones. Un error en una cifra, una llamada mal transferida o un papel traspapelado y estás en la calle antes de que termine el día. La semana pasada d
exigente -comentó Chloe
untualidad y aborrece la familiaridad. Así que te recomiendo algo: mantén la cabeza baja, responde solo lo que
ar al personal secundario era la mejor noticia del día. Si se mantenía callada, eficiente e invisible, la prob
ubículos se pusieron de pie de inmediato o se pegaron a sus computadoras, evitando mirar hacia l
-murmur
o del pasillo, las puertas del
is oscuro que le quedaba a la medida, una camisa blanca impecable y la corbata perfectamente ajustada al cuello. Llevaba un ma
el mundo corporativo, producía un impacto brutal. Era exactamente el mismo hombre al que ano
sin siquiera voltear a mirarla. Marta di
nta ya están sobre su mesa y la señorita Silva, l
giró del todo. Solo giró un poco la cabeza, dejando ver su perfil afilado. Sus oj
riz y fingiendo revisar unos papeles con absoluta concentración. Mantuvo los hom
Julian con esa voz grave y cortante que hacía temblar a cualquiera-. Y que la nueva
do, seño
tró a su oficina y la puerta de cris
iera estado aguantando la respiración todo ese tiem
reguntó el nombre. Sigue así
rrada del despacho de Julian y luego hacia el reloj de pared. Eran apenas las ocho y quince de la mañana. Tenía por delante casi diez horas de trabajo
la distancia y su disfraz funcionara, no iba a dejar caer la guardia. La vi

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