img La doble vida de la secretaria  /  Capítulo 2 El tirano de la oficina | 20.00%
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Historia

Capítulo 2 El tirano de la oficina

Palabras:1311    |    Actualizado en: 09/09/2026

horne hubiera descubierto quién era detrás de esa mascarilla gris, Chloe sintió que la noche pasó volando. Pero el dolor de cabeza no

ese, las miradas y los chismes volaban rápido. Si quería sobrevivir a su doble vida, tenía que pasar completamente desapercibida. Nadie en

e necesitaba, y una blusa de manga larga color crema, holgada y abotonada hasta el cuello. Para rematar, recogió su cabello castaño en un moño apretado y bajo, y se colocó unos lentes d

tíbulo era un hervidero de empleados caminando a toda prisa, vestidos con trajes impecables y sosteniendo vasos de café caro.

encia. Al salir, una mujer de unos treinta y cinco años, vestida con un traje sas

riba abajo con una ceja levantada, deteniéndose un

bueno

saludos amables-. Camina conmigo. Te voy a explicar cómo funcionan las cosas aquí antes de qu

l costado y siguió a Marta por

la correspondencia inicial, coordinar los archivos de la junta directiva y asegurarte de que el café del señor Thor

hloe, tomando nota me

e madera oscura ubicado justo al lado de

hay espacio para equivocaciones. Un error en una cifra, una llamada mal transferida o un papel traspapelado y estás en la calle antes de que termine el día. La semana pasada d

exigente -comentó Chloe

untualidad y aborrece la familiaridad. Así que te recomiendo algo: mantén la cabeza baja, responde solo lo que

ar al personal secundario era la mejor noticia del día. Si se mantenía callada, eficiente e invisible, la prob

ubículos se pusieron de pie de inmediato o se pegaron a sus computadoras, evitando mirar hacia l

-murmur

o del pasillo, las puertas del

is oscuro que le quedaba a la medida, una camisa blanca impecable y la corbata perfectamente ajustada al cuello. Llevaba un ma

el mundo corporativo, producía un impacto brutal. Era exactamente el mismo hombre al que ano

sin siquiera voltear a mirarla. Marta di

nta ya están sobre su mesa y la señorita Silva, l

giró del todo. Solo giró un poco la cabeza, dejando ver su perfil afilado. Sus oj

riz y fingiendo revisar unos papeles con absoluta concentración. Mantuvo los hom

Julian con esa voz grave y cortante que hacía temblar a cualquiera-. Y que la nueva

do, seño

tró a su oficina y la puerta de cris

iera estado aguantando la respiración todo ese tiem

reguntó el nombre. Sigue así

rrada del despacho de Julian y luego hacia el reloj de pared. Eran apenas las ocho y quince de la mañana. Tenía por delante casi diez horas de trabajo

la distancia y su disfraz funcionara, no iba a dejar caer la guardia. La vi

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