. El edredón se había deslizado hasta el borde y dejaba al
de sus caderas, revelando la cantidad jus
cándalo. Ningún hombre
ué se vestía de una manera tan provocativa cuando su esposo no estaba en casa? ¿
por voluntad propia. El deseo le nublaba los ojos y la erección q
tejarla y descubrir
imaginaba a otros hombres cortejándola o
davía era
la. Hundió el rostro en su cuello y c
a despertó
s sus ojos se adaptaban a la penumbra y dist
lla
us labios en un beso lento y profundo. Leonic
erpo. Ya no era la mujer dócil
ndo? -gritó, trat
n el aliento ardiente contra su piel mientra
én había estado borracho entonces, incapaz de olvidar a Angelina. Leonica había esperado que
briel nunca había vuelto borracho a casa. Ahora que estaban a punto de
a merecer que la hum
orracho. ¡Detente! -protest
e decir que seguimos casados?
a cintura con fuerz
ne y dejó de forcejear. No quería que la pr
iel,
s, acallándola. Su lengua invadió su boca mien
cualquier sonido, pero Gabriel conocía d
el pezón hasta que ella arqueó la espalda y
ra mí, zorra -le
subió por sus muslos, se deslizó bajo su ropa
introdujo un dedo y comenzó a moverlo. La excitació
l clímax, Gabriel retiró la mano y comenzó
reer que la amaba. Pero enseguida se preguntó si, en realidad, estaba viendo a otra mu
alpitaba bajo
són, lo arrojó a un lado
ica, apoyando una mano en su pec
Deja que
acomodó entre sus pier
se a las sábanas mientras su cu
con profundidad. El corazón de Leonica rebosaba ama
sto de la noche, hasta que ambos al
de los labios de Gabrie
bor le golpeaba la cabeza y tenía la boca
e, pero todos sus m
s ojos con fuerza mientras es
os recuerdos de la noche a
la cama. Leonica dormía desnuda junto a él. Las marcas enro
vez perdía el contr
Cómo había podido cometer semejante error justo cuando todo
e vistió a toda prisa. Después de dedicarle una últi
nto a su nuevo conductor, un rec
tado preguntarle al
había
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