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Historia
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Espíritus de Hielo: En Pedazos
Autor: BlueMoon
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Capítulo 1 Los caminos que tomamos para evitarlo...
Palabras:4026    |    Actualizado en:25/06/2021

Hydra

No sé exactamente por qué seguía buscando los lados positivos y motivos razonables que tenía para ir a aquella fiesta, no tenía ganas de ligar con nadie o de simplemente beber. Kyle es mi primito adorado y todo, sé que es su cumpleaños y que quiere que esté ahí; pero animada no es una de las palabras que definiría mi estado en estos instantes, es más llevo mirando el mismo maldito árbol torcido, ubicado en una pequeña área verde rodeado de cemento en medio de la pista, desde hacía ya media hora o quizás menos y aún no termino de comprender el objetivo arquitectónico de colocarlo ahí específicamente. Suspiro agotada sin dejar de observar el árbol, si Alana y Pía no llegan pronto creo que comenzaré a contar las escazas hojas que empiezan a coronar el árbol, <<¿Por qué rayos está torcido?...>><< Tu vida está torcida y nadie te dice nada. Deja ya el árbol y llama a Alana antes de que se nos congele el trasero, idiota. ¡Espabila!>>

He ahí mi amorosa y delicada consciencia haciendo acto de presencia, me pregunto si así de grosera me escucharé cuando soy sarcástica e irónica en voz alta con otras personas. Me muerdo el labio dudosa y meneo la cabeza de un lado a otro para ahuyentar la voz de mi cabeza y las razonables e ingeniosas respuestas que tiene para darme, saco el celular del bolsillo delantero de mi short y marco el número de Alana. Uno, dos y al tercer pitido recién contesta.

-¿Dónde estás?- Me coloco bien la mochila sobre el hombro derecho y paso la mirada por todos lados buscando alguna señal de mis amigas.- ¿Sabes? Hace frío aquí en la calle.- Una pequeña risa se escucha al otro lado de la línea, ¿Cree que es broma?

-No te vemos, es un auto blanco.- No puedo evitar poner los ojos en blanco por la ingeniosa descripción que Alana me da sobre el vehículo, vaya que me había ayudado mucho en encontrarlo.

-¿Sabes cuántos jodidos autos blancos han pasado en los últimos minutos?- No escucho ni un solo ruido al otro lado así que asumo que espera una respuesta a mi cuestionamiento.- ¡Pues muchos!- Soy consciente que debo verme como idiota moviendo los brazos en el aire y gritando a mitad de la calle, mientras que busco con la mirada el bendito auto blanco.

-Calmaos doncella, levante la mano.- Ni si quiera sé por qué ya la tengo levantada, la agito en el aire y suspiro.- ¿Pues cómo carajos no te va a dar frío si he visto tangas con más tela que el short que llevas puesto?- Me llevó casi cinco minutos pensar en una respuesta ingeniosa a su pregunta, pero cuando se la iba a decir el sonidito característico del corte de una llamada me avisó que ya no podría hacerlo. Unos segundos más tarde tenía un auto plomizo, cabe resaltar ese detalle, frente a mí.- Hola.- Alana me sonreía de oreja a oreja en el asiento de copiloto, esta mujer enserio tenía un serio problema visual.

-Alana, ¿En qué país esto es color blanco?- Señalo el auto frente a mí, apoya su brazo en la ventana y se impulsa un poco hacía fuera para verificar el color de la carrocería.- ¿Eres daltónica? ¿No has pensado en irte a chequear los ojos con un profesional? ¡Esto no es blanco ni en la China! - Se encoge de hombros y solo sonríe, no sé por qué se ríe. El que no sepa diferenciar algunos colores de otros es preocupante, más si es una mujer de veintitrés años.

-Vamos, deja el drama y sube de una vez que tenemos que estar en la discoteca a más tardar diez y media. - Perfecto, encima me echa la culpa de que vayamos tarde. Abro la puerta de atrás y me siento al lado de Pía. - Él es el papá de Pía.

-Buenas noches, señor. - Digo componiendo una de mis mejores sonrisas, el hombre me la devuelve con un asentimiento y sin decir una sola palabra vuelve a fijar la vista en la carretera. Se nota que es un hombre de pocas palabras, o bueno no es que me conozca mucho que digamos, creo que es la primera vez que me ve. - Hola, Pía.

- ¿Lista para hoy? - Sinceramente no, pero ¿Por qué habría de decírselo?

- Claro. - Sonrío como siempre y ella reinicia la charla que supongo había mantenido hace un rato con Alana sobre la ropa que se pondrían, pegué la cabeza a la ventana y cerré los ojos unos instantes. Me sentía cansada, pero no era un cansancio físico, era algo que iba más allá, el qué no sabría definirlo.

- Hydra, ya llegamos. - Siento un suave zarandeo que comienza en mi hombro izquierdo, por instinto abro los ojos de golpe y me desperezo. - ¿Tienes sueño? - Pía era muy diferente a Alana. Ella es dulce, delicada y con una voz tan tranquilizadora que eres incapaz de enojarte con ella. Alana es todo lo contrario. Es tan relajada que llega al punto de irritarte o bueno al menos a mí, insistente y terca cuando se lo propone; pero si en algo se parecen es que ambas son muy leales o eso me ha parecido desde que las conozco.

-No, bueno sí.- Bajo del carro y me coloco la mochila nuevamente al hombro, rodeo el auto y las sigo hasta la puerta del edificio en que vive Pía.- Es qué ha sido un día largo en la U, no pensaba ir pero ya sabes cómo son Alana y Fabi.

-No me vengas nuevamente con eso de que no quieres ir porque en serio voy abofetearte, Isobel Hydra De La Vega Mendoza.

-Agh, ¿Era necesario decir todo mi maldito nombre? - Ella asintió sacándome la lengua, Pía negó con la cabeza y abrió la puerta dejándonos pasar. Su papá subió primero las escaleras y nosotras lo seguíamos un poco más atrás, no miento si digo que bajar y subir las escaleras hasta el departamento de Pía sería un buen ejercicio de cardio. La mujer no se encontraba en el último piso por obra y gracia de Dios. Habiendo 8 pisos no se les había ocurrido poner un bendito ascensor. Para cuando llegamos al sexto piso, que era donde ella vivía, mis piernas temblaban por la excesiva falta de ejercicio y mis pulmones ardían como si hubiera corrido la maratón.- Enserio deberían poner un ascensor, esto es horrible.- Me quejé apoyándome en una de las paredes al lado de la puerta esperando que Alana terminase de subir, Pía sonrió despreocupada y siguió a su padre dentro del departamento como si subir todos esos escalones fuera lo más natural del mundo y no cansara tanto como a mí me lo parecía. Cuando Alana llegó al último escalón apoyó las palmas de sus manos en sus rodillas y trató de regularizar su respiración.- Hablo enserio Pía, un día de estos o muere Alana o muero yo por paro cardio-respiratorio.

-Son un par de exageradas, solo son seis pisos.- Una vez en el cuarto de Pía, nos tumbamos en la cama y descansamos un poco.- No se quejen tanto, ya solo falta mover algunas cosas más al otro departamento y solo subirán un piso.- Recién en ese instante pude darme cuenta de que la habitación de Pía estaba casi vacía. Solo estaban la cama, su closet, una cómoda con todo su maquillaje y la plancha de cabello, y el televisor que estaba sobre un improvisado librero en una esquina de la habitación. Cabe resaltar que el colchón no tenía sábanas, en el closet ya no había ropa y había gran cantidad de cajas y basura por toda la casa que hacían muy evidente el proceso de mudanza, ¿Por qué es que no sabía qué se iba a mudar?

- ¿Te estás mudando? - Dije preguntando lo obvio, me golpeé mentalmente la frente y esperé la respuesta de Alana.

-No idiota, les gusta tener todas sus cosas en cajas y se han cambiado a una extraña religión que no conoce el concepto de limpieza o de una escoba. - Rodé los ojos y sin ánimo de refutarle el sarcasmo comencé a buscar en mi mochila algo que ponerme.

-¿Aún no sabes que te pondrás?- La voz de la hermana de Pía hizo que me sobresaltara, Alana ya se había cambiado al igual que Pía, llevaban un vestido corto color verde petróleo cuyas tiras se cruzaban en la espalda y un vestido tigresa sin mangas y ajustado al cuerpo, respectivamente. Paloma, se había puesto un vestido negro ceñido, sin detalles pero era muy bonito, su cabello era lacio y lo llevaba recogido en una coleta alta.

-No, aún no lo sé.- Creo que se debe a mi menstruación pero en estos instantes me siento fuera de lugar, como que no encajo. Todas se veían emocionadas y bonitas. Me senté en la cama.- No tengo ganas de ir, me siento gorda, fea, cansada, en pocas palabras desubicada.- Las palabras salían atropelladas de mi boca, ni siquiera yo entendía que me estaba pasando. No sonaba como si fuera yo, yo no me perdería una fiesta y mucho menos me comportaría como me estaba comportando en esos momentos.

-No me jodas Hydra, ya hablamos de esto.- Alana comenzó a sacar la ropa y zapatos que había metido al azar en mi mochila por salir apurada, negué con la cabeza y me crucé de brazos sacándole la lengua tal y cual niña de cinco años.- Lacéate el cabello y maquíllate mientras veo que te pondrás.- Me miró directo a los ojos de forma amenazadora, suspiré resignada e hice lo que me ordenó.- Ponte eso.- Señaló el vestido rojo que había extendido en la cama, era unos centímetros más arriba de mi muslo, de tiras y con unos flecos caían en “V” hasta el inicio de mi ombligo. Me lo había regalado Fabiana el día de mi cumpleaños hace un mes.- Con estos zapatos.- Eran unas sandalias con tiras negras y plataforma alta, hice lo que dijo y volví a tomar asiento en la cama esperando que terminasen de arreglarse.

-Te ves bonita.- Paloma me sonrió con ternura y salió de la habitación, no entendía cómo es que Pía y su hermana podían ser tan adorables.

-Irán muchos chicos guapos, Paolo llevará amigos suyos que han venido de otros países, quién sabe si terminas con alguno de ellos.- La emoción en la voz de Pía era palpable, sonreí de medio lado al tiempo que me preguntaba el motivo por el cual esta vez no podía contagiarme con esa sensación.

-Entiendo, no se preocupen chicas.- Alana dio por finalizada la llamada y comenzó a caminar nerviosa por toda la habitación, su ruta en círculos me estaba mareando.

-Di ya que pasa, le harás un hueco al suelo y se te saldrán los sesos por los oídos si no nos dices que tienes.- Se detuvo frente a nosotras y se cruzó de brazos.

-Rafaela, su prima y su amiga no irán hoy.- Emprendió nuevamente su andar a lo largo de la habitación, Pía y yo solo la seguíamos con la mirada.- Ahora tengo tres invitaciones y no sé qué hacer con ellas.

-¿Y cuál es el problema?- Pregunté por cortesía, realmente no me importaba en lo más mínimo.

- Que si no las usamos todas, otro día no querrán darme invitaciones a los eventos o bueno no tantas como las que quiera.- Solo pude pronunciar un monótono “Ah”.

-¿Y si les dices a Luke, Damián y Gabriel?- “Luke” ese nombre me sonaba de alguien, pero no recordaba mucho al dueño.

-Pásame el número de Luke. - Pía buscó entre sus contactos al susodicho, le dictó el número y Alana lo tecleó rápidamente en la pantalla de su teléfono.

-¿Luke no es el chico de ojos medio claritos?- Recordaba a un tal Luke que había agregado hace unos días a Facebook y que había visto algunas veces en el mismo grupo, pero extrañamente no tenía noción de haber hablado con él alguna vez.

-¿Ojos claros?- Alana puso el celular un momento en la cómoda para arreglarse el cabello, aún no sabía si lacearlo u ondulárselo.

-Es el de la sonrisa bonita, gorda.- Fijé la mirada en Pía y de un momento a otro me vino la imagen de un chico a la mente, un chico con el que solamente había intercambiado unas cuantas sonrisas cordiales en alguna que otra reunión.

-Ah ya, creo que si lo manyo.- Alana intercambió una mirada que no supe descifrar con Pía y ambas comenzaron a reírse.- ¿Cuál es el chiste?- Pregunté algo fastidiada por no saber qué ocurría o al menos si yo era el motivo de aquellas carcajadas.

-Como que recuerdas bien a Luke ¿No?- Dijo Alana al tiempo que volvía a tomar el celular entre sus manos y presionaba la tecla marcar en el número que le dictó Pía.

-Ni si quiera estoy segura de que sea el mismo chico que me vino a la mente.- Refunfuñé, cortó la llamada y volvió a marcar al tiempo que borraba de las invitaciones los tres nombres que habían estado escritos antes.

-Sí, claro.- Dijo Pía mirándome y levantó una ceja. Se escuchó un bip en la habitación, Alana había puesto el teléfono en alta voz.- Luego te vemos besándote con él antes de que acabe la noche.- Segundo bip.

-Pues no, ni siquiera tengo ganas de ir.- Tercer bip.

“¿Hola?” El dueño del número contestó, Pía me miraba sonriente y Alana quitó el altavoz pegándose el teléfono al oído. No besaría a nadie, por la simple razón de que no me sentía como la yo de siempre, la yo que ellas conocían.

******

Luke

Vale, sé que no debería sacar de sus cabales a un profesor, pero es que no puedo evitarlo. La cantidad de alcohol que tengo en el cuerpo me vuelve una persona mucho más irritante de lo normal, eso y que realmente la clase de este profesor me resbalaba por una parte oculta de mi anatomía. Sea lo que sea, si de algo estoy seguro es que el profesor está haciendo un esfuerzo sobrehumano por no mandarme al carajo desde hace casi dos horas y se nota en su semblante, está demasiado rojo y malgeniado.

- ¿Alguien me diría qué es la filosofía? - Levanté la mano por inercia, creo que era la enésima vez que lo hacía durante la noche. El hombre barrió con la mirada todo el aula, mis amigos miraban a otro lado o simplemente esperaban a escuchar la semejante estupidez que tenía para decir. - Adelante Arroyo, dime tu punto de vista.- Terminó por decir, al mismo tiempo que se acercaba a su escritorio y se apoyaba en él cruzándose de brazos.

-Filo significa amor hasta donde sé. - Vi aparecer una pequeña chispa de esperanza en sus ojos, la esperanza de que esta vez le diera una respuesta válida y que le sirviera como base para continuar con su clase.- Pues es el amor a Sofía, creo que debió ser una mujer muy guapa para que muchos la amaran, ¿no cree?- De acuerdo no es mi mejor broma, pero sirvió para terminarlo de irritar. Se masajea el puente de la nariz con desesperación y suspira con cansancio.

-Solo firmen la lista de asistencia y váyanse jóvenes, por favor. - Arreglé mis cosas, y me senté con los brazos cruzados sobre la carpeta a esperar que la lista llegara a mis manos.

-Vaya que lo has cabreado. - La voz de Damián hace que levante la cabeza de entre mis brazos, no sé ni en qué momento me había quedado dormido. Tomo la lista que me extiende y la firmo. - ¿Planes?

-Regresar a seguir bebiendo con mi papá y mis tíos, supongo. - Asiente una vez y ambos tomamos nuestras cosas, le doy uno de los cascos y nos dirigimos hacia la salida de la universidad.- ¿Y tú?

-Pues…- Saco el teléfono del bolsillo delantero de mi pantalón y contesto la llamada, le hago una señal para que espere un momento a que cuelgue.

- ¿Hola? - El número era desconocido, contesté con cuidado ya que había una chica que había estado insistiéndome demasiado para vernos y pues ya me había llamado de diferentes números unas cien veces en lo que iba de la semana.

- ¿Luke? - La voz de Alana retumbó en mis oídos, alejé un poco el auricular y afirmé su pregunta con un simple “Mmm”.- Soy Alana.

-Hola, Ali. Dime, ¿Qué pasó?- Saqué la moto de donde estaba ayudado por Damián, me subí, encendí el motor y él se subió detrás de mí.

-Tengo pases libres para Astro hoy, como es cumpleaños de Kyle pensé en si tú, Damián y Gabriel querían ir.- Ir a la discoteca no estaba en mis planes que digamos, pero si la entrada era gratis… Aparté un poco el celular y lo cubrí con mi mano de tal forma en que no pudiera escuchar nada de lo que iba a decir.

-Alana pregunta si Gabriel, tú y yo iremos a Astro hoy por el cumpleaños del hermano de Fabiana.

-No tengo plata, creo que Gabriel está igual.

-Dice que tiene pases o invitaciones, como quieras llamarlas.- Se quedó en silencio pensando un rato. Algo dentro de mí se removió inquieto, algo como un impulso.- ¿Alana sigues ahí?- Un casi imperceptible Ujump me confirmó que seguía del otro lado de la línea.- Sí vamos a ir, en veinte estamos por ahí, nos vemos.- Colgué y guardé el teléfono en mi bolsillo, puse en marcha la moto.

-Sabes que no puedo beber, mira mi cara.- Damián tenía paralizada la mitad del rostro, estaba en tratamiento.- No pondré para un trago que no voy a beber.- Puse los ojos en blanco, eso ya lo sabía y en definitiva yo tampoco tenía demasiados ánimos de ir pero algo muy dentro de mí me decía que debía hacerlo.

-No importa, tomas agua.- Aceleré un poco más hasta llegar a mi casa.- Yo si pienso beber un poco…

-Y agarrarte a cualquier incauta que te haga ojitos en la pista de baile o desde la zona VIP, que es más seguro.- Solté una carcajada por su comentario, estacioné la moto en toda la entrada.- Ya vi cómo terminará tu noche, perro.- Ambos entramos en mi casa, dejé las cosas en la sala y por cosas me refiero a Damián y mi mochila. Subí a mi habitación, me puse la primera camisa que encontré: una manga corta color celeste; saqué algo de dinero que tenía guardado en uno de los cajones y volví a bajar.

-Vamos.- Comenzamos a bajar las escaleras y recordé que tenía que avisarle a mi madre que saldría. Por suerte mis tíos y mi papá no estaban en la casa, lo más probable es que mi linda madre los hubiera invitado a molestar a otro lugar.- ¡Mamá!

-¡Qué!- Sí que era toda una dama.<< Tú estás en el primer piso, ella en el tercero. Creo que si le gritas desde aquí, lo más lógico es que te responda gritando, estúpido.>>

-¡Voy a salir, regreso como a las tres de la mañana!- No hubo respuesta así que me apresuré a salir de la casa antes de que quisiera realmente responderme, volvimos a subir a la moto y nos pusimos en marcha hacia la discoteca.- ¿Llamaste a Gabriel?

-Sí, pero cuando me contestó él ya estaba en la disco, supongo que le avisaron antes.- Me encogí de hombros y dejé la moto en el estacionamiento.- No dejes que tome, por favor.

-No soy tu marido para andarte cuidando la boca, es cosa tuya.- Después de salir del estacionamiento llegamos a la puerta de entrada y mostramos los DNI para poder ingresar.

-Ah pero si fuera la de VIP…

-Tampoco.- Le envié un mensaje Alana haciéndole saber que estábamos en donde vendían las entradas y colocaban las pulseras, para que nos alcanzara las invitaciones.- Si no se cuida ella sola, pues no es mi drama.- Damián iba a decir algo pero volvió a cerrar la boca cuando vio que Pía se acercaba a la entrada con Alana.

-Hola chicos, aquí tienen.- Alana le extendió las invitaciones a Damián, me acerqué a saludarla.- A la mierda, ¿te has bebido todo un bar o qué?- Sonreí de lado y Pía se acercó a olerme.

-Luke, ¿Has manejado en ese estado?- <><< ¿Algo más original? No puedo creer que sea todo lo que se nos ocurra, primero lo de amor a Sofía ¿Y luego esto?...>><< Shhh Shhh Shhh Haz caso, te están hablando y trata de cambiar la cara de idiota que traes, aunque sea pedir mucho.>>

-¿Sí?- Ella me miraba con desaprobación.- Vale, que no traía nada importante. No es como si se perdiera nada bueno.

-Me llevabas a mí, pendejo.- Damián me dio un puñete en el brazo, lo miré sin expresión alguna en el rostro y volví a plantar la mirada en Pía y Alana.

-Como les seguía diciendo, no es como si se perdiera algo bueno.- Volvió asestarme otro puñete en el brazo y solo reí al igual que las chicas.- Las vemos adentro.- Asintieron y volvieron a entrar, cambiamos las invitaciones por pulseras y las seguimos un poco más alejados. A diferencia de otras veces, el lugar estaba lleno; pero la respuesta a mi curiosidad me la dieron dos chicas que hablaban en toda la entrada, llegarían Enio y José Ignacio a cantar.

Busqué con la mirada la mesa de las chicas, la ubiqué a un lado de la pista de baile, nos abrimos paso entre la gente y una vez que llegamos saludamos a todos.

-Alana, en serio no quería venir.- La dueña de la voz era una chica de piel morena, la recordaba de algún lado… <><><< Pues no sientas curiosidad, ambos sabemos en que terminan tus ganas de saberlo todo.>><< Okey, okey.>>

-Es tu primo, ya compórtate.- La morena bufó algo irritada y se sentó en uno de los bancos que había. No sabría especificar el maldito motivo por el que la observé por unos minutos más, algo me causaba intriga, pero no la suficiente como para hablarle. Supongo que se sintió observada porque comenzó a buscar con los ojos lo que la hacía sentir así, hasta que tropezó con mi mirada, sonrió de medio lado y casi por inercia le devolví el gesto. <><< ¿Enserio eso pasó?>><< Ya veo por qué a la otra voz de tu persona le dan jaquecas, eres más idiota de lo que pensábamos, has memoria inútil.>>

Comienzo a pensar que yo soy el problema. No sé cómo es que logro que hasta mis consciencias, muy normal por cierto, se irriten conmigo; antes de que mi otro yo diga algo más comienzo hacer memoria y después de unos minutos en trance al fin pude recordar lo que me decía. <><< Debe de detestarme, a ninguna chica le gusta que le arrojen el trago encima, en fin da igual. Dime, ¿Qué dato?>><< La agregamos al Facebook hace unos días, bueno aceptamos su solicitud de amistad.>><< Ah bueno, mejor buscamos su nombre en caso le hablemos.>><< ¡Genio!... Esta sí que será una noche algo larga.>><< No creo, le dije a mi madre que llegaría como a las tres.>><>

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