img Rechazada por él, deseada por su rival  /  Capítulo 4 Cuatro | 2.21%
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Historia

Capítulo 4 Cuatro

Palabras:1651    |    Actualizado en: Hoy, a las 00:32

de vis

Eira despertó antes d

cama olía a detergente de hotel en vez de a cedro. La mejilla le palpitó al moverse,

a Seba

re

és, la

nto a la cama. Las había dejado allí antes de dormir porque el suelo estaba fr

mesita de noche. Su mejilla continuaba marca

aba tres correos

definitivo

s veces. Despué

te inocente: actualización de la autoridad operativa de la manada, a

ás allá del título. Las verdaderas condiciones de la separación comenzaban

ntía remor

de la mesa. Revisaba las cláusulas cuando temía una traición. Con rivales, miembros de l

se limitab

a el papel que soste

para cambiarse. El Alfa Sebastian salía

uvo en

te peinado. No había rastro del hombre que había perdido el control la noche ante

el rostro de ella y apa

ente para se

o para resul

a un animal asustado-. Lo de anoche fue culpa mía

ió ella-, pero tus manos parecí

instante después, la ocultó tras la cálida sonris

equi

a abrió. Dentro había un pañuelo de seda dorada, con

hombre que siempre aseguraba que los recursos de la manada eran limitados. Por lo vist

-. Para que sepas

terior se habría preguntado si aquel

de Serena habría llegado

dió-. Creo que hay otra

el Alfa Seba

Eira distinguió el c

a? ¿Cuán

a, como siempre. Decidió que ella no

ó la

a cena familiar mensual de l

nes

es

r". No "¿pod

nes

te cuatro años, Eira se había ocupado de todo: los menús, la distribución de los asientos, el vino, las alergias de los ancianos, el temperamento

s cuando estallaban las disputas familiares y procurado que todos se march

enía intención de

nía un mot

torización financiera. El Alfa Sebastian estaría relajado después de la cena. Su familia estaría pre

vantó l

aré

astian pare

a punto de

regresado solo porque ella l

. La casa principal resplandecía bajo las luces del porche. A través de las ventanas abier

e. Siempre corriendo de un lado a otro c

ida de Isabe

entos de oficina que grapa

puerta princ

principal del sofá, como una reina sin reino. Isabella descansaba con el t

bolso-. Por favor, continúen. Odiaría interrumpi

ió durante un

la primera

a cena. Te están es

o tienen

Sabes que las cenas de los vi

stumbre. He deci

mo si un mueble aca

has

ono y abrió una ap

omiendo camarones escalfados y brócoli al ajo, con poca

tó la vista d

s vuelt

engo h

es cocinar, ¿para qué sirves? Mi hermano te concedió el título

an enviado a Eira a la cocina con una sonr

olo sintió una

ieres cenar, prepara algo tú misma. No

tal brusquedad que el collar

uñas en la piel-. Sin familia, sin loba, sin poder. Que mi hijo se casar

s ojos hacia

habían dejado hematomas en ese mismo lugar. Ahor

de encajar en

r de la muñeca de Margar

xtendió por su cara. Había espera

siste

s, demostraré delante de todos que no

atrev

U

es m

D

ue Eira llegara a tres. Retrocedió tambaleándo

a abrió

siquiera él parecía saber cómo enfrentarse a un

principa

por el

a Sebastian so

se vo

taba

ba oficialmente. Unos rizos castaños enmarcaban su rostro delicado. El maquillaje era sutil; la sonrisa, to

licadeza la manga de su abrigo mi

amino -explicó-. Serena Winthrop

a ín

deslizó por la habitación y se enroscó alred

ella con la expresión serena que u

awford.

que descansaba en l

tió hacia d

ena

rostro de Eira. Su sonrisa se acentu

res necesita

throp tení

ijo, tendiéndole la mano-. Sebast

os de Serena eran frescos y delicados. Su presión aumentó apenas lo suf

arte -respondió ella-.

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