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lé
lpes y silencios, a no l
nunca conseguían consuelo; eran estrictamente el combustible para la burla, la prueba irrefutable de
e de una
. Sentí el impacto de su bota en el costado de mi pierna, un golpe seco y desprovisto de piedad, antes de terminar de comprender que estaba completamen
tar tus deberes? -escupió con desprecio, cruzándose de braz
a mañana de mi vida. Mi respiración salió entrecortada, un silbido leve que intenté sofocar de inmediato. Nunca decía nada en mi defensa; las poca
ecido por la decepción-. Tan inútil y débil como siempre. Una supuesta Luna que ni siquiera es
l metal de mis muelas chocar, tragando saliva p
se trataba de una señal inequívoca de una luna rota, una bendición caprichosa y fallida de los dioses. A partir de ese momento exacto, mi cuerpo comenzó a desarrollarse de forma distinta: fui más frágil, enfermiza y
s atrás, mirándome como si fuera una plaga-. La Dios
s, esa mancha en l
on el cabello brillando bajo la luz del amanecer y una salud envidiable. Su aura natural era fuerte, clara, luminosa, la viva
in siquiera dignarse a girar el rostro para mirarme mientras removía el contenido de su
mi madre se adelantó con un movimiento brusco y retiró el cue
s -sentenció con frialdad-. Si para entonces sobra algo de
ajando la mirada haci
azos. Comencé la rutina cargando los pesados cubos de agua desde el pozo hasta los cobertizos traseros. Mis músculos temblaban por la fatiga acumulada. En un de
r el golpe
con violencia, y un sabor metálico e inmed
a rabia, sacudiendo las manos-. ¿Tienes la menor idea de lo
mejilla, sintiendo el ardor expa
o... yo n
ieras para asegurar una alianza como Luna, te toleraría... pero como no sirves pa
tierra seca me sacó todo el aire de los pulmones, dejándome boqueando. A mi al r
ble en los labios. No era una expresión de culpa ni de piedad; era simple fastid
-, no seas tan dura con ella. Al fin y al cabo, no es
a clemencia dolieron mucho más en mi i
erficiales y la mugre de mis manos en silencio, capturé fragmentos de una conversación proveniente de la ven
iempo -decía mi padre con un tono de fastidio def
shacernos de este estorbo de una vez por todas. Al menos, en el futuro, buscaremos la ma
ue el del invierno, me recorrió de arrib
de pie a ocultas y salí al exterior sin hacer el menor ruido. Mis pies necesitaban escapar. El bosque oscuro y antiguo que bordeaba los límites de la propiedad siem
entrándome en la espesura hasta que las lágrimas de frustra
e la negrura de la media
cargado de un dolor tan inmenso que
el aliento, con el corazón go
de un tamaño imponente y salvaje, yacía tendido sobre la hojarasca, tan grande que la simple estampa hizo que el miedo me helara l
sentaba un pe
a destrucción y la muerte par
vertencias lógicas de mi mente, mis piern
s, absolutamente magnéticos. No había rabia asesina en su mirada herida, ni rastro de furia salvaje. Solo un dolo
un paso delibera
mas fuerzas para incorporarse, pero las piernas le fallaron de inmediato y c
sa, sin comprender del todo qué fuerza me impulsaba
xtendí la mano desnuda hacia la criatura,
es y mundos quedó reducida a un solo aliento, sentí algo latir,
y ancestral que jamás
a, alguien -o algo infinitamente más poderoso que yo- h

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