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Historia
La Luna rechazada del Alfa Ciego

La Luna rechazada del Alfa Ciego

Autor: Dalia Hache
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Capítulo 1

Palabras:1619    |    Actualizado en: 24/09/2026

lé

lpes y silencios, a no l

nunca conseguían consuelo; eran estrictamente el combustible para la burla, la prueba irrefutable de

e de una

. Sentí el impacto de su bota en el costado de mi pierna, un golpe seco y desprovisto de piedad, antes de terminar de comprender que estaba completamen

tar tus deberes? -escupió con desprecio, cruzándose de braz

a mañana de mi vida. Mi respiración salió entrecortada, un silbido leve que intenté sofocar de inmediato. Nunca decía nada en mi defensa; las poca

ecido por la decepción-. Tan inútil y débil como siempre. Una supuesta Luna que ni siquiera es

l metal de mis muelas chocar, tragando saliva p

se trataba de una señal inequívoca de una luna rota, una bendición caprichosa y fallida de los dioses. A partir de ese momento exacto, mi cuerpo comenzó a desarrollarse de forma distinta: fui más frágil, enfermiza y

s atrás, mirándome como si fuera una plaga-. La Dios

s, esa mancha en l

on el cabello brillando bajo la luz del amanecer y una salud envidiable. Su aura natural era fuerte, clara, luminosa, la viva

in siquiera dignarse a girar el rostro para mirarme mientras removía el contenido de su

mi madre se adelantó con un movimiento brusco y retiró el cue

s -sentenció con frialdad-. Si para entonces sobra algo de

ajando la mirada haci

azos. Comencé la rutina cargando los pesados cubos de agua desde el pozo hasta los cobertizos traseros. Mis músculos temblaban por la fatiga acumulada. En un de

r el golpe

con violencia, y un sabor metálico e inmed

a rabia, sacudiendo las manos-. ¿Tienes la menor idea de lo

mejilla, sintiendo el ardor expa

o... yo n

ieras para asegurar una alianza como Luna, te toleraría... pero como no sirves pa

tierra seca me sacó todo el aire de los pulmones, dejándome boqueando. A mi al r

ble en los labios. No era una expresión de culpa ni de piedad; era simple fastid

-, no seas tan dura con ella. Al fin y al cabo, no es

a clemencia dolieron mucho más en mi i

erficiales y la mugre de mis manos en silencio, capturé fragmentos de una conversación proveniente de la ven

iempo -decía mi padre con un tono de fastidio def

shacernos de este estorbo de una vez por todas. Al menos, en el futuro, buscaremos la ma

ue el del invierno, me recorrió de arrib

de pie a ocultas y salí al exterior sin hacer el menor ruido. Mis pies necesitaban escapar. El bosque oscuro y antiguo que bordeaba los límites de la propiedad siem

entrándome en la espesura hasta que las lágrimas de frustra

e la negrura de la media

cargado de un dolor tan inmenso que

el aliento, con el corazón go

de un tamaño imponente y salvaje, yacía tendido sobre la hojarasca, tan grande que la simple estampa hizo que el miedo me helara l

sentaba un pe

a destrucción y la muerte par

vertencias lógicas de mi mente, mis piern

s, absolutamente magnéticos. No había rabia asesina en su mirada herida, ni rastro de furia salvaje. Solo un dolo

un paso delibera

mas fuerzas para incorporarse, pero las piernas le fallaron de inmediato y c

sa, sin comprender del todo qué fuerza me impulsaba

xtendí la mano desnuda hacia la criatura,

es y mundos quedó reducida a un solo aliento, sentí algo latir,

y ancestral que jamás

a, alguien -o algo infinitamente más poderoso que yo- h

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