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?», me pregu
tasis y agotamiento; mi cuerpo está caliente,
e entre
n salta de rep
ánta
Qu
al de esta pu
Apenas tengo tiempo de reaccionar antes de
elo y
ntamente las manos, incapaces de comprender cómo los mismos dedos tiernos
lemente me observa mientr
nos, me arrastra hacia la pu
Esa de enfrente, al otro lado del pasillo,
erra de un port
s mi dormitorio conyugal. Me quedo boquiabierta. Nathan acaba de echarme. Me a
hecho algo mal? ¿He dicho algo? ¿O es que
rriba abajo. Por un segundo, nuestras miradas se cruzan, pero su expresión se vuelve inexpresiva; percib
vestida únicamente con mi pijama. Lentamente, me cruzo de brazos sobre el
torio. Acabo de estar dentro de esa habitación con mi marido.
a puerta de un dormitorio que es casi idéntico al nuestro, salvo
ndo». Me tiembla la voz.
asada». Me presiono una mano contra el pecho. «Me ca
tante no puedo respirar, no puedo pensar más allá de ese hecho devas
é e
erpo, haciéndome sentir hermosa. La forma en que se toma su tiempo conmigo, sin presionarme nunca, haciéndome estremecer
recuerdo
tras miradas se cruzan, me sonríe y recuerdo cómo se me acelera el corazón. Creo que e
bre ser el mismo que acaba de
la cama. El hombre que acaba de echarme. No encajan. Le he querido desde antes incluso de que me pidiera matrimonio, y ahora me pregunto si a
. Necesito respuestas. Necesito entender q
pe y vuelvo furio
con tanta fuerza que me duele, pero no me importa. La
puerta, jodido es
a
ta!» Volví a golpearla.
n haber r
aldita puer
a por tercera vez. De repente
Z
lado y casi me caigo, jadeando. Nathan me
e vale aceptarlas. Me casé contigo porque había algo que necesitaba asegurar. Un contrato, y ahora ya está ase
los ojos.
nio. Ni de coña vas a salir de él. Te quedarás en esa habitación y
esencia me abruma, con la
rfecta para esto. No tienes ni la b
z de articular palabra. Tien
rimonio... ya sabes quién soy. Soy Nathan Vian
doy un paso atrás. ¿
e una puta vez y vete a dormir a esa hab
y me empuja hacia fuera. La puerta
acaba de pasar. Las lágrimas que se han ido acumulando brotan a borbotones y no puedo control
a mantene
opresivo; cada paso que doy cruje como un trueno bajo mis pies, y el pánico absoluto a que la puerta se abra de repente hace que el corazón me lata con fu
uno junto a la puerta este, dos cerca de la entrada principal. El gu
Me arden los pulmones mientras corro. No me atrevo a mirar atrás. No me atrevo. Solo corro. Corro como si mi vida dependiera de ello hasta llegar
yst
ío insoportable, con una claridad brutal al darme cuenta de que cada segundo de mi huida estaba calculado desde el principio
úa la voz-. ¿Cómo sabías que necesitaba estas vacaci
con su novio. Era obsesivo, y yo sabía que una vez la
beza. No. No. M
me mucho tiempo si qui
a mi alrededor? Dijo que es por
boca con la mano, lu
de Tessy sigue sonando desde el
na no». Se me quiebra la voz mientras caigo de rodillas y me arrastro hacia é
apaz de articular las palabras
ndome mientras le suplico. Entonces, la comisura de sus labios se curva en una lenta sonrisa. S
mismo. Mientras tú te quedes, ell
e. Asiento lentament
elda invisible; mis rodillas ceden ante el peso aplastante de la derrota, al comprender que mi pr

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