a el corazón
el dedo en señ
a. Pero hay algo en la forma en que se quedó allí, esperando, inmóvil, que
ntrola adónde voy. Sabe lo que estoy p
. Si puede predecir esto -un momento de curiosidad,
noche larga e inquieta, me ace
spaldas no
se
que no hay moros en la costa para que pueda moverme. Sigo paseándome por la casa. Aunque me hayan prohibido us
ipal, una sombra surge de la nada. El gu
correa? ¿No puedo caminar?». Mi voz suena ronca, y la fru
resp
paz. Necesito tomar un
a, y mientras se desplaza, camina hacia atrás -manteniendo la distancia, pero sin
paredes, ya no puedo más. Sigo avanzando, ig
o un lujoso páramo verde bajo el sol de la mañana. Sin ningún otro sitio adon
quina hacia el jardín trasero, Nathan regresa. Aparca el coche, hace un bre
me recuerdo a mí misma q
se dirige hacia mí. Quiero correr, pero me obligo a mantenerme firme. El dolor en el cuello y l
solo he salido a tomar un poco de aire fre
e resulte invasivo. «No pasa nada. ¿Puedo acompañarte? Al menos, eso es lo qu
a la cabeza allí mismo... pero está mi hermana. Solo pensar en fingir que acepto su compañía me agota
implemente apa
cho hacia atrás antes de que su mano pueda alcanzarme. «No. Has
algo insignificante- me oprime el pecho con algo parecido al alivio, aunque
. Eres mi mujer. Legalmente, en todas partes, te conocen como la señora de Nathan Viante. De
stre
ado, sopesando cada una ante la amenaza de otra bofetad
él porque habl
e alguna vez te ablandarás conmigo? No lo voy a perm
os terminad
igo
legio de acompañarte a dar una vuelta por el recinto. Y
me lo i
, con cuidado de no darle la oportunidad
sa se vu
que lo sepas: compórtate. No montes un escándalo o ha
ta naturalidad, como si estuviera hablando del tiempo... y eso es lo
ión, aunque en este momento no me siento fuerte en absoluto. No es confianza; es simplemente lo único
amente desde atrás. De repente, se a
ablando todo el rato, ¿vale? No puedes ponerte a ser
llas. Me obligo a permanecer completamente inmóvil, tragándome el terror que me sube por la garganta. Ahora mismo no pu
a. La abre. Dentro hay un collar de diamante
o. Te quedará prec
a que no intente colocarme el collar alrededor del cuello; está demasiado cer
Lo cogeré más tarde». Mi voz tiembla,
oy a probar
a contra las costillas que me dan náuseas. Quiero salir corriendo, pero tengo las piernas co
fijándola directamente en el moratón oscuro
acción fría y distante por haberme hecho esto. Vuelve a guardar el collar en su estuche, me ag
a la vuelta
cabaran de sacar de aguas profundas. Todo mi cuerpo tiembla.
. Compórtate como es debido o te entreg
a la pesada caja qu
ada. Cuando vengan sus amigos la semana que viene, no seré una esposa. Seré una prisionera montando u

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